Cuentos Infantiles Cuentos Cortos Nanas Poesía Teatro para chicos! Lée Fábulas Colmos Cuentos de terror Cuentos Clásicos Cuentos para escuchar Libros para chicos Libros infantiles Noticias de libros ferias ...

Newén Mapú

Despertó una mañana, cuando las grandes copas de los árboles sacudían sus hojas, porque la brisa, las acariciaba. Muy de a poquito despegaba sus brazos y un bostezo hizo que viera la luz por primera vez.
No pudo ver el paisaje, pero sintió esa brisa fresca que le perfumaba el rostro.
Sacó uno a uno cada centímetro de su cuerpito. Estaba tan cálido que hizo que la tierra no quisiera dejarlo ir para seguir arrullándose en él. Levantó un brazo, insistió con el otro. Con mucha fuerza despegó el torso de la tierra.
Percibió un aroma a tierra fresca, negra, y por fin quiso escaparse de eso que lo tenía preso.
Por fin , pudo salir.

Eran sus cabellos negros como la plena oscuridad, su rostro pálido, una blancura inconfundible, y sus ojitos... no los recuerdo muy bien, pero sus ojitos tenían un color que brillaba.
Se levantó, miró alrededor, y era algo increíble, maravilloso, su corazón latía con mas fuerza, la transpiración comenzó a fundirse por su cuerpo, se agitó, cerró los ojos y sintió la misma brisa que lo despertó ese día, acariciando cada parte de su rostro.

Un aroma a piñas lo recorría, suspiró. El aire fresco de la mañana, lo detuvo por un instante. Abrió los ojos y frente a él un inmenso pinar que lo refugiaba, con frondosas ramas que llegaban hasta el cielo. Muy a lo lejos se veía un pequeño árbol.

Se acercó con pasitos muy lentos, todo el lugar brillaba, había una cascada que silbaba, el trinar de los pájaros era maravilloso, todavía el corazón no dejaba de latir con emoción. Se detuvo frente a ese árbol, vio que una de sus ramas estaba seca, ajeada por el sol, delgada y se tornaba a tener un color amarillento, pero desconocía lo que pasaba, entonces retomó su paseo para seguir observando todo.

En la rama mas alta del pinar había un pino que tenia, un nido, y de allí venían unos silbidos muy agudos, pensó en subirla, trepo y trepo hasta llegar a aquella rama, desde allí pudo divisar a tres pichones hambrientos.
Soltó una carcajada, que denotaba una mezcla de ternura y mas emoción.
Creo que se quedó allí arriba unas tres a cuatro horas, hasta ver como la mamá les sacaba del árbol unos gusanos y muy de a poquito les llevaba al pico.

Se cansó, esa espera le resultó muy cansadora.
Descendió del árbol.
Sentía sed, y recordó que había oído el silbido de una cascada, siguió el sonido hasta que la encontró, y al beber el agua, sentía que revoloteaban miles de mariposas por su estómago, fresca, dulce, encantadora.
Tanto había bebido que sintió explotar, y para descansar, reposó sobre aquel árbol que había visto cuando comenzó su paseo. Y sobre él durmió.

Pasaron mas o menos ocho horas, lo despertó un nuevo bostezo. Miró aquel árbol y pudo ver que de aquella rama quebradiza, caían algunas gotas, de agua que había bebido, que sin darse cuenta había mojado su cabello. Desde allí una pequeña hoja comenzaba a crecer. Se dio cuenta entonces, que era lo que le sucedía; aquel árbol, necesitaba que alguien se ocupara de él. Entonces corrió hacia la cascada en busca de un poco mas de agua, la acercó hasta el árbol, y muy suavemente la depositó en las raíces.
La tierra absorbía cada parte de agua. No dejaba una gota en el suelo, y el tampoco de detuvo hasta no dejar la tierra empapada.

Estuvo allí,hasta que callo en un sueño muy profundo y durmió.
Despertó con la misma mañana del día anterior, a su lado, una rama de aquel abeto le acariciaba la mejilla.
Dio un salto, y sorprendido , rió y abrazó a aquel abeto.
-tus ramas se ven tan fuertes...
Aquel árbol también lo abrazó, pudo sentir como su cuerpito se fue presionando sobre la corteza de su nuevo compañero.

-Eres un niño muy valiente.
No sabía de donde había salido esa vos.
-Acá, estoy por encima de tu cabeza.
No podía entender como un árbol podía hablar.
-No te asustes, solo las almas de grandes corazones pueden entender el sonido de la naturaleza .Y decirme, ¿ a que has venido niño?
-no, en realidad, no me asustó entenderte, es la primera vez que escucho alguien que comprende lo que digo, lo que me causó tanta emoción ¿ Sabes quien soy?.
-¿ es que acaso no sabes quien eres?
Se quedó sorprendido, permaneció en silencio por unos instantes, y contempló todo lo que había a su alrededor.
Miró impresionado cada parte de aquel bosque.
-yo he nacido aquí, nunca vi el reflejo de mi rostro, además si pudiera reflejarme en algún lado no sabría si soy o no un niño, pero... ¡ que hermoso es todo esto! ¿ no te parece hermoso?
-en realidad hace tiempo que observo todo esto y me parece absolutamente hermoso.
-un niño... ¿ como son los niños?
-me pones en aprietos, pero tratare de explicarte, los niños son personitas de tus misma semejanza que juguetean alrededor mio y de todos lo árboles, parece que nunca se cansaran, ríen y ríen. Tienen sus mejillas rosadas, sus voces son como mas de miles de amaneceres, y sus ojos, mueven muros y montañas.
-ha!, entonces son seres con mucha fuerza
-todo eso depende de como los mires. Muchas veces los he viste crecer, y ya no me visitan, cuando crecen se olvidan de todo esto.
Los dos se quedaron mirando el paisaje. Hablaron de todo por largas horas, aquel árbol le contó que era un abeto, que nació de una semilla muy pequeña, y que la tierra se ha encargado de hacerlo crecer. Hablaron también de como nacen las mariposas, del sonido de la cascada, del porque cada animal tiene su propia voz, y como es posible que exista algo tan maravillosos como ese lugar. Hasta que comenzó a hacer preguntas mas difíciles, tan difíciles que el abeto no sabía que contestar.
-¿ dónde puedo encontrar mas niños?
El abeto no sabía que responder. Y contesto:
- no he visto a ningún niño desde hace tiempo, pero si he visto a personas mayores, pero ¿ porque te preocupas?, tu nunca vas a ser como ellos, ellos traen unas máquinas que arrasan con todos nosotros, asustan demasiado, son aquellas personas que no pueden oírnos, aquellas que cuando se las oye venir, los animales de todo el bosque buscan refugio entre nosotros, no me gusta mucho esas personas.
El sorprendido le prometió no crecer.
-pero tienes que crecer.
-¿ porque?
-porque crecer forma parte de la vida, y tu eliges que hacer , no son todas las personas mayores iguales, hay personas buenas, y hay otras muy malas, hay personas que no saben que somos tan importantes, y hay otras que darían lo que fuera por ver crecer este pinar hasta las alturas mas grandes.
-entonces yo quiero ser una de esas personas. Gracias he encontrado una amigo.
Varios días habían pasado juntos, aquel abeto le enseño muchas cosas, como ver el color del cielo para saber, si va a llover, si va a soplar el viento, si va a hacer mucho frío, como abrigarse, como hacer un refugio. Nunca se despegaba de su lado. Eran amigos de verdad, si sentía frío lo cobijaba con sus ramas, si hacía mucho calor, hacia que la suave brisa de sus hojas acaricie sus cabellos.
Un día aburrido de estar siempre en el mismo lugar, decidió decirle a su amigo, que recorrieran juntos el paisaje, pero claro, al abeto no puede despegar sus raíces de la tierra, entonces se despidieron, pero antes de irse, le dio un concejo:

-no vallas del otro lado de la cascada, allí habitan los hombres y muchos, son cazadores.
-¿ cazadores de que?
-no temas, si no cruzas la cascada no tienes porque, preocuparte.
-bueno, me voy. Creo que voy a extrañarte
-yo también.
- pronto volveremos a vernos cuidate del sol, no dejes que dañe tus hojas, es triste dejar atrás a un amigo.
Y comenzó su camino para conocer el lugar.
Iba con rumbo a algo que no conocía, quería ver que era eso que decía al abeto que tiene a las personas tan confundidas.

El sol empezaba a quemar, sentía grandes ganas de beber agua fresca, y por allá a lo lejos escuchó el silbido de la cascada, corrió a gran velocidad, y cuando la vio, tan bella, tan brillante, fresca, transparente, corrió aún mas fuerte y se lanzó sobre ella. Bebió hasta refrescarse por completo y vio que desde el fondo de la cascada había una luz, un túnel, ese debía ser el mismo túnel que le había dicho el abeto que no debía cruzar. Pero algo dentro suyo le decía que necesitaba recorrer del otro lado de la cascada, conocer que pasa con esas personas mayores. Entonces, se puso de pié, miro todo a su alrededor, las aves, el sonido de la cascada, el murmullo de las olas, ese aroma a hierba fresca, se llenó de coraje, y cruzó por debajo de esa cascada.
El camino era largo, allí dentro las rocas eran frías, nunca les dio el sol, un olor a musgo remueve el agua y su color ya se tornaba amarronado, ya no se veían los pecesitos de colores, el día se iba oscureciendo, el túnel es mas largo de lo que el pensaba, y ya se encontraba cansado y con algo de fatiga. Decidió descansar, sentado sobre una roca que encontró en el camino. Suspira el camino es verdaderamente muy largo, y piensa que si este camino es tan largo, mas largo debe ser y mas difícil el camino al corazón de aquellas personas que le dijo el abeto. Y volvió a suspirar.

De repente una brisa hace que levante la vista, miró hacia un lado, y no había nada, miró hacia el otro, y la brisa se volvía cada vez mas constante y rápida; se escucharon ruidos, el se levanta, y en un instante, cientos de murciélagos revolotean sobre su cabeza, corrio con gran rapidez, un susto hize que su corazón palpite con mas fuerza, esta vez, un escalofrío recorrio su cuerpo, y allá a lo lejos se vio una luz, el final del túnel.
Se apresuro, quiso salir de esa cueva, tan espantosa. Por fin encontro la salida. Miró hacia atrás, ya no lo seguían los murciélagos, se tomó de las rodillas y, cuando se compuso; cuando alzó la vista, un paisaje semejante al anterior le embellece esos ojitos.

Asombrado, boquiabierto murmuro:
-esto es maravilloso.
El lugar era encantador, las aves volaban con una destreza inconfundible, había animales bebiendo de un lago, flores de colores, con tallos largos, la brisa acariciaba cada uno de sus pétalos, creo que hasta las escuchó reír (...solo las almas de grandes corazones pueden escuchar el sonido de la naturaleza...). Había montañas rojas como fuego, aves que revoloteaban por el cielo con grandes alas que llegaban a medir mas de un metro de largo.
En la cima de una de las montañas, se escuchaban piares de pichones de águilas.
Cientos de sonidos distintos, multicolores por todas partes, el estaba tan sorprendido, que desplegó sus brazos también, intentando elevarse... cerró los ojos, suspiró, inhaló aquel aire maravilloso, se posó sobre sus pies, sus cabellos se despegaban de su rostro, y de repente, un sonido terrible, destruye, toda ese esplendor. Fue el sonido de un disparo, claro que el no conocía eso.
Lo sorprendió, se asustó y corrió a esconderse detrás de una gran roca. Miro a los lados, y nada había sucedido, miro hacia arriba, y ve como cae, desde allí esas grandes alas doradas del cielo, se acerca, era aquella águila real que, sobre unas ramas había caído herida.

-¿ estás bien? Preguntó, con voz quebradiza.
-voy a morir, dijo el águila.- corre que ya vienen
-¿ quienes vienen?
-ellos, los cazadores.
Algo por su mente pasó, era aquello que le había dicho el abeto.
-no les tengo miedo.
-no debes conocerlos, ellos poseen armas gigantes que atemorizan a todo el bosque, talan los árboles, nos quitan a nuestros pichones, y hacen ruidos terribles.
-¿ entonces eso fue lo que me asustó tanto?
-tu te pareces mucho a ellos, no se porque intentas ayudarme, tu voz, tus rostro, es muy similar a esos hombres. Solo te doy las gracias por intentar protegerme. Ahora vete, que ahí vienen.
El se levantó y corrió a esconderse. Vio llegar a los hombres y con asombro descubrió que todo lo que le había dicho su amigo el abeto, y el águila era real, era verdad.
Se arrodilló cubrió sus rodillas con sus brazos y sin pensarlo, lo invadió una inmensa tristeza.Por primera vez, comprendió, que hay lugares en el corazón del hombre donde las lágrimas no llegan. Y lloró.
Su dolor llegó a escucharse por todo el bosque. Hasta La rama de un árbol que había crecido, tanta pena le dio , que , sin darse cuenta, acarició su rostro, buscando darle un poco de consuelo, y explicó:
-no llores, recuerda que solo las almas con grandes corazones pueden escuchar el sonido de la naturaleza.
-eso ya lo se. Contesto. -pero puede ser posible, que existan personas, sin alma.
-eso yo no lo se, ni puedo contestarte, solo tu decides como ser, debes abrir bien los ojos, debes escuchar mas allá de lo visible, debes gustar, sentir.

-es difícil de creer, cuando ves que el cielo que alguien nos pintó de azul, de repente lo cubre una nube gris.
-te corrijo entonces, no lo cubre una nube gris, sino la mano de aquel hombre que hizo que cayera el águila. Contestó -hoy no vas a escuchar el trinar de las aves, ni el sonido de la cascada,y el sol no va a brillar igual que ayer, hoy el bosque esta de luto. Las águilas reales ponen solamente dos huevos por año, y tienen una sola pareja en su vida. Si alguno de los dos muere, la otra águila muere también, o no vuelve nunca a formar otra pareja, todas las personas mayores pueden escuchar, pero muy, muy pocas sienten el sonido de la naturaleza.
Ese día la brisa se escondió detrás de la cascada, la cascada dejó de caer. Las aves, no revolotearon. Y el se sentó sobre una de las ramas del árbol y durmió.

Despertó aturdido, nuevamente con el trinar de los pájaros. Una nueva mañana se despertó aquel día.
Brillante, asombrosa, tan clara como las mañanas junto a su amigo el abeto.
Comenzó a caminar bordeando la costa de aquella cascada, recordó que el abeto le había dicho que solo la misma naturaleza te guia por el camino correcto, y esa costa se parecía a un camino.
Varios animales se cruzaron, muchas familias de conejos, topos, todos juntos para beber agua de la corriente de la cascada. Cuando de repente, observa que un oso no bebía agua, y pudo sentir como en su corazón había una tristeza.

Se acercó muy despacio, casi sin respirar y murmuró:
-¿ que te pasa?
El oso de un sobresalto, dio un gruñido atemorizador, se paró en sus dos patas, y soltó una de sus garras.
El se asusto muchísimo, el oso no dejaba de gruñir.
-¿ que te pasa?
-¿ y tu quien eres?
-muchos dicen que soy un niño, pero todavía no los se.
-me has asustado, te preocupas por mi
¿ porque?
Contesta el oso todavía muy enojado. El con miedo le contesta.
-eres parte de la naturaleza, y como todo lo que forma parte de ella, debo protegerlo. Eso me dijo el abeto.
-los arboles no hablan con niños.
-yo lo puedo entender ¿ porque no habría yo de hablar, con el? ¿ acaso no estoy hablando contigo?
El animal, se poso sobre sus cuatro patas; pudo entender lo que sucedía.
-gracias por tratar de entenderme, pero mi dolor es muy fuerte y eres demasiado pequeño como para ayudarme, no lo entiendo eres tan parecido...
-¿ parecido a quien?
-te pareces mucho a ellos
-¿ a quienes?
-a esas personas que se llevaron a mi cachorro. Tu no debes ser como ellos, cuentame que haces por aquí, en donde perdiste tu manada.
-yo no tengo manada, desperté un día junto a un árbol, de donde vengo no existen estas cosas, todo es maravilloso, hay un inmenso pinar que me despierta cada día con una suave brisa y aroma a piñas encantador, tengo un amigo que es un abeto, el no pudo acompañarnos, y me advirtió que no cruzara la cascada, pero no pude hacerle caso, quise saber que es lo que pasaba del otro lado. Y encontré un universo de cosas maravillosas, pero nunca imagine que el hombre sería capaz de destruir tantas cosas importantes, la vida es hermosa, como la conozco, ahora entiendo que hay personas que no entienden ese sonido. Si yo digo que quiero ir a dar un paseo, el cielo celeste hace que brillen mis ojos, y las nubes acompañan mi ritmo, si estoy cansado de caminar, las aves silban una melodía y me arrullo entre las hojas secas del pinar. Mi lugar es maravilloso, hay números sinfines de flores, de noche se sierran y duermen, de día se desplegan, y perfuman todo el bosque. No se que mal te han hecho esas personas, pero yo estoy contigo.
Pensó que en realidad, las personas mayores son muy extrañas, enojado y furioso por pertenecer a esa raza pensó en no crecer más.

Los días pasaron el tenía ganas de regresar junto a su amigo el abeto,no le gustaba lo que sucedía en ese bosque, miró todo a su alrededor y todo parecía tan extraño... no entendia como la naturaleza permitía que alguien viniera y le arrebatara todo su belleza.
Mientras pensaba todo esto, mientras se sentía tan furioso, se despertó una nube de tormentas gigantescas, comenzó con una brisa fresca, poco a poco el cielo celeste se convertía en una manta gris oscura dejando el paisaje casi invisible, de repente un fuerte viento, hizo secar sus mejillas, truenos y relámpagos lo sorprendieron, sentía que la tierra se movía, las ramas mas débiles de los árboles empezaban a caer, la tierra se quebraba, como si un desierto de arena hubiera cubierto todo el bosque, los animales corrían hacia un refugio, el cielo cada vez mas oscuro no permitía que se viera una mínima luz.
El, asustado, no sabía lo que ocurría, se aferró al tronco de un árbol que creyó fuerte, cerró los ojos y solo pudo escuchar el sonido de los árboles que chocaban sus ramas unas con otras.
Cae una lluvia constante, el cielo cruje otra vez, y la lluvia azota cada vez con mas fuerza sobre los árboles. Pasaron varios minutos, desde allí podía contemplar como ese paisaje se desplomaba.
Cuando por fin termino todo esa tormenta, abre los ojos, y se encuentra con un lugar desierto. Solo él y el árbol.
No comprendió muy bien lo que había sucedido, pero a lo lejos distingue una especie de cabaña, también azotada por la tormenta. De los techos caían trozos de paja, los vidrios de las ventanas estaban rotos, de repente alguien sale de la ella, lo mira asombrado, el quieto, tímido, el hombre que estaba en la casa era un campesino, desesperado, corrió hacia un corral donde había muchos animales en unas jaulas, no le prestó mucha atención ya que estaba apresurado por sacar a aquellos animales de sus jaulas.
Los animales pudieron escapar, se refugiaron en el bosque, detrás de los árboles. El los miraba asombrado era la primera vez que había visto a una persona. Le asustó la idea de pensar que podría tener algún tipo de arma, como el abeto le había hablado de los cazadores, se quedó detrás del árbol observando como el campesino trababa todas las puertas y ventanas para evitar que el viento las quitara otra vez y rompiera los vidrios.
La tormenta pasó completa, el cielo tomo nuevamente su color, aquel campesino había perdido casi toda la cabaña. Sentado en la puerta miraba a su alrededor y sus manos se tomaban una con otra, apoyó su cabeza, sobre ellas, y miraba al cielo. De sus ojos caían lágrimas, que hizo que el quisiera acercarse a consolarlo.
Se acerco muy despacio.
-hola
-hola niño...
-¿ tu también lo notas?
- ¿ notar que?
- que soy un niño
-claro, como no voy a notar que eres un niño, apenas mides un metro de altura, tu carita parece tan suave ...¿ que haces aquí?
-estoy en busca de alguien como yo
-bueno, niño por aquí no hay mas que bosque y mas bosque, los niños no viven aquí.
-ha... los niños no viven cerca de las personas mayores.
-no entiendes, todos las personas mayores alguna vez fueron niños, crecen para ser personas mayores.
-eso no es posible, no creo que ningún niño sea capaz de hacerle daño a la naturaleza, como aquella águila, o mi amigo el oso.
-esas personas olvidaron el niño que llevan dentro. Y esa es una de las cosas que tu no debes olvidar.
-contestame una pregunta: ¿ porque el cielo se ha enfurecido de esa manera?
-no fue el cielo, fue la misma naturaleza, el hombre ha destruido tantas cosas, ha cambiado los climas, ha desterrado de su tierra a tantos animales, que cada vez que siente que ha perdido algo se enfurece y la acompaña el cielo con sus lágrimas
-pero ¿ porque la naturaleza ha tirado abajo tu casa?
-como los hombres, ella no puede medir las consecuencias, ella solo se enfurece.
Los dos hablaron mucho de todo ese bosque. Ese campesino había vivido allí toda su vida y le confesó que alguna vez escuchó el sonido de la naturaleza.
Se hizo de noche, el niño se durmió en los brazos del campesino, el lo llevó hasta un corral y lo posó muy suavemente para que no se despertara.
Al día siguiente, el niño se despertó, y supo que tenía que ir en busca de esas personas que tanto se parecían a él.

El hombre lo tenía en sus brazos, el niño lo soltó y pudo ponerse de pie.
Sin hacer ningún sonido, sin despertar al hombre que lo acompañó esa noche, le dijo adiós en silencio. Se dirigió a la puerta del corral y salió lentamente.
Siguió su camino, se internó nuevamente en el bosque, no supo entonces en busca de que, y se puso a caminar lento, pensativo, cuando de repente, un enorme animal, de pelaje amarillento con rallas negras en sus lados lo sorprende. Se veía muy audaz y con una fuerza increíble; corría hacia él; él, temeroso tomó sus ojos con sus manos pequeñas y pudo sentir en la tierra que el animal corría cada vez mas cerca suyo. Se detubo frente a él y de un salto, sacó una de sus garras y lastimó la mejilla del niño, hasta hacerle un rasguño, que hizo sangrar. El comenzó a llorar y entre sus sollozos preguntó:
-¿ porque haces esto?
-¿ Acaso no ibas a matarme?
- ¿ matarte? Eres parte de esta hermosa naturaleza, formas parte del planeta, ¿ como habría de matarte?
El animal se posó sobre sus cuatro patas y, confundido, dio unas vueltas sobre su propio cuerpo y y contestó:
- es que eres uno de ellos, tengo el deber de protegerme, tengo que impedirlo...-murmuró.
- ¿ impedir que?
- que te lleves a mis cachorros, ellos son indefensos, todavía no saben defenderse.
- tu me confundes, yo no soy una de esas personas, y me has herido sin saber quien soy, ¿ te parezco peligroso?
El animal miró al niño, tan pequeño, con su carita pálida, y sus cabellos negros... y perdió la mirada sobre el bosque.
El niño calló sobre la hierba, el animal comenzó a lamer la herida y lo llevó arrastrándolo, por el suelo hasta el lugar donde estaban sus cachorros.
Se despertó entre maullidos y jugueteos, no entendía bien que hacía en ese lugar ni como había llegado, y entreabriendo los ojos pudo escuchar, una vocesita suave, pequeña.
-¡ hola! Te he dicho ¡ hola!
-¿ y tu quien eres?
- yo soy el mas pequeño de la manada, ¿ juegas conmigo?
El niño se sentó, pudo ver que estaba rodeado de animales feroces, se asustó un poco, y cuando pudo ver bien, sintió a su lado a un pequeño cachorro de tigre moviendo su cola y dando saltos que le dice:
- ¿ juegas conmigo? Los mas grandes están aprendiendo a cazar, y eso para mi es muy aburrido.
- ¡ deja al niño en paz! Debe descansar.
Se asoma el mismo animal que le había hecho la herida.
- ¿ tu quien eres?
- yo soy la que te hizo ese rasguño en tu mejilla, luego te desmallaste y te traje con mis cachorros. Debes perdonarme, mi naturaleza es defender a mis cachorros, y tu eres tan parecido...
- muchos ya me han dicho esto, voy en busca de personas como yo.
- ¡ no! - respondió- si vas con ellos te convertirás en uno de ellos.
- pero tengo que ir, solo he visto a un hombre, y era muy anciano, no supo explicarme porque el hombre hace esas cosas y yo necesito saberlas.
- bueno, solo tu sabes que es lo que buscas. Pero ten cuidado, como las personas, hay muchos animales que no saben ver bien con el corazón.
El niño siguió su camino, estaba tan cansado de caminar y tenia tanta hambre y sed, que decidió descansar, vio que en la copa de un árbol, había bananas, y pensó que sería bueno probar algunas. Se estiró lo mas que pudo, pero estaban tan altas que para alcanzarlas tomó una rama y con mucha fuerza sacudió las ramas del árbol. Cansado, se posó sobre él y en un instante, escuchó un ruido, alguien estaba merodeando por ahí, luego unas carcajadas mas ruidosas y alguien que se acercaba.
- no llegarás nunca.
-¿ tu quien eres?
- yo soy alguien que te podría ayudar, pero ahora estoy muy cansado.
- por favor , necesito de aquella fruta, hace rato que no he comido y tengo mucha hambre.
-no lo se... dejame pensarlo... quizás en otro momento.
Y se fue. El niño se sentó sobre una rama y miraba a su alrededor, cuando algo lo sorprendió.
Era una rama con una racimo inmenso de bananas, y mira al cielo. Por entre las ramas se asoma una cabecita peluda y simpática.
- comelas, son para ti.
-gracias, ven conmigo, comamos juntos.
El animal baja del árbol y se sienta a su lado.
- tu eres muy amable, hace un rato pasó otro animal, y se rió de mi porque no pude llegar a la rama.
- no hagas caso, en este camino vas a conocer a muchos animales, que se van a reír de ti, pero debes ser mas fuerte, y seguir con todas tus fuerzas.
- ¿ quien era ese animal?
- no puedo decírtelo, no le des importancia tu eres mas fuerte, por eso, al ver que tu no podías llegar, rió.
El niño pensó que sería bueno reconocer a esas personas y que es aún mejor tener un nuevo amigo. Estaba tan lejos del abeto que se sentía muy solo.
- escucha...- dijo el animal.
- ¿ que debo escuchar?
- nos están llamando
- ¿ quienes?
- ellos, es el sonido de la naturaleza.
-¿ el sonido de la naturaleza?yo pensé que el sonido de la naturaleza, era escuchar a los animales.
- no, escucha...
En ese momento la brisa tomó color rosado... el viento silbaba una danza... las hojas de los árboles cantaban, y el comprendió que ese era el sonido. Mira al cielo y millones de coloridas aves planeaban por todas partes. Se paró, sostuvo la mirada en todo ese bosque. Miró al frente y delante de él, dos personas de tez pálida, cabellos negros, y unos ojos, que no recuerdo, pero tenían el mismo brillo de sus ojos.
El permaneció inmóvil, sus ojitos se llenaron de lágrimas, por fin había encontrado a esas personas. Se acercaron y le dijeron:
-hemos esperado por ti tanto tiempo, pensamos que nunca llegarías, todos están muy ansiosos de conocerte.
Lo tomaron en sus brazos y se dirigieron a un lugar distinto; El solo se acunó entre los brazos de una mujer, y sentía cada latido del corazón que lo durmió en un sueño maravilloso. Soñó que se encontraba en un lugar maravillosos, con flores de diversos colores y con un aroma exquisito, junto a el un hermoso animal con alitas que casi, era imposible divisarlas, un color azulino a verdoso era su cuerpo. Noto que sus alitas revoloteaban intensamente, con mucha rapidez, y casi exhausto, se poso sobre una de esas maravillosas flores. El al verlo inmóvil le preguntó:
-¿ que haces?
- estoy tan triste..-contesto
- pero cuentame que es eso que te hace sentir tan desdichado.
El animal se poso sobre una rama y le contó esta historia:
-“ hace mucho tiempo, en un pueblo, había nacido una niña muy hermosa, con grandes ojos y cabellos negros, con una tez tan blanca que el invierno sintió envidia porque la nieve no era aún tan blanca. A aquella niña la llamaron Narí.
Al crecer, sus padres le dijeron que ella nunca podría enamorarse, porque en aquel pueblo se acostumbraba a que la primer niña de la familia, no debía enamorarse,para que cuidase de sus padres hasta el día que mueran.
Tal fue así, que la niña, pasaba horas y horas al lado de sus padres y solo salía de la casa, cuando dormían, entonces, ella paseaba por el bosque y recolectaba las mas hermosas flores. Y luego, adornaba cada parte de sus cabellos. Un día paseando por el bosque conoció a un bello hombre con brazos grandes, ojos y cabellos azabache llamado Tabú, era de otra aldea y se enamoraron.
Cada día a la misma hora, se encontraban en ese lugar y pasaban horas paseando y cortando las mas bellas flores, cuando lo sorprende el jefe del pueblo indio, donde vivía Narí. Aquel jefe se enojó muchisimo, y por quebrar la costumbre del pueblo, fueron llevados al brujo y los hechizó por siempre, dando a ella un cuerpo de tallos largos y delgados con un perfume delicioso y grandes pétalos aterciopelados; y a él un hermoso cuerpo con ágiles alas que pudieran volar muy rápido, y un plumaje azulino, con un pico puntiagudo. Desde ese momento cada vez que nace un picaflor tiene la misión de buscar en cada pétalo de una flor a la hermosa Narí“
-¿ eso te hace desdichado?
- si, es que siempre estoy solo buscando de flor en flor, y no tengo tiempo para tener un amigo...
- no te preocupes, -dijo el niño- yo seré tu amigo.
-¿ de verdad? ¡ gracias! Nunca tuve un amigo, esto va a ser divertido, vos tendrás toda mi confianza depositada en mi, y yo te veré cuando algo te dañe, vos tendrás la certeza que nadie te lastimará porque yo voy a cuidarte.
En ese momento el niño despertó de ese hermoso sueño; estaba en una choza, hecha de barro, en sus paredes habían pinturas de diferentes colores. Se puso de pie y pudo ver que en aquellas pinturas, había en árbol, un gran árbol con frondosas ramas que miraban al sol y extendían sus ramas hacia el cielo; y en cada una de ellas, miles de aves haciendo sus nidos, un ave, pero no era un ave común; era un águila real, con sus grandes garras y sus alas desplegadas que volaban sobre ese mismo cielo con una libertad incondicional, mas adelante, un animal inmenso, con grandes garras tenebrosas, pero a su lado un pequeño oso pidiéndole que juegue una vez mas, en otra de las paredes, una serpiente, pero no era una serpiente común, se veía en su rostro, una mirada temible, pero solitaria, muy solitaria, que no le prestó mucha atención porque sintió que no debía preocuparlo.
En un instante entran dos personas, las mismas que lo habían encontrado, se acercan y le preguntan:
-¿ ahora entiendes? Todo esto es tu naturaleza, es la naturaleza de los hombres, has demostrado ser un valioso niño, eres bienvenido aquí. Dios nos ha encomendado protegerte, tenemos las suerte de tenerte con nosotros, tienes un corazón poderoso capaz de entender a todas las criaturas del planeta, capaz de comprender a la hermosa naturaleza, necesitamos que todos los niños se unan, queremos un planeta lleno de colores y solo podremos hacerlo con su ayuda, porque nadie tiene la mente tan limpia y pura, los corazones tan abiertos y tibios, te llamaremos Newen Mapu, tendrás la fuerza de la tierra y serás el encargado de proteger la naturaleza porque has nacido en ella. Mira este cielo, ¿ has visto alguna vez algo tan hermoso ?...
Permaneció en silencio, lo tomaron en sus brazos y dijo al oído:
- Eres un niño de verdad, puedes sentir el sonido de la naturaleza, y puedes ver, que todos aquellos que lo sienten miran hacia arriba y ven el mismo color del cielo.
Desde ese instante cada vez, que alguien entra en un bosque, siente un sonido diferente.
Ya no se oye chocar el viento con las hojas, sino que se escucha una brisa que te despierta, ni se oye el agua caer, se escucha una canción de bienvenida en la cascada, los pájaros no trinan, sino que cantan, pero solo las almas de grandes corazones lo pueden escuchar, ese es el sonido, pero debes escucharlo bien, porque ese, es el sonido del corazón.

 

BLANCA MAGDALENA CIOCCI

 

 

Búsqueda personalizada

Literatura infantil y juvenil, Cuentos infantiles, fábulas para niños y poemas infantiles, guiones de teatro para chicos, cuentos para escuchar, novedades de editoriales y escritores de libros y cuentos para chicos Publicamos cuentos gratis y artículos de especialistas en promoción de la lectura, educación y medio ambiente.

* Agradecemos a www.hostingbaires.com.ar y recomendamos sus servicios
de hosting y diseño web *

Páginas Web para temas Infantiles posicionadas en Google
Páginas WEB
para Temas infantiles
orientadas para
estar primeros
en Google!!
Consulte YA
y comience
a recibir Nuevos Clientes

design@hostingbaires.com.ar
 
info@leemeuncuento.com.ar | ANUNCIE en este sitio ! reciba visitas y consultas realmente relevantes ! CONSULT@R

leemeuncuento.com.ar® 1999-2012 Promoción de la lectura y escritura Contenidos Gratis ARGENTINA Maria Fernanda Macimiani© - Diseño, Idea y Selección de Contenidos
Prohibida la reproducción total o parcial . Permitido hacer enlaces directos a los contenidos publicados en el sitio.
Los cuentos y demás textos recibidos se publican sin correcciones siendo responsabilidad del autor la ortografía de su material.
Sitio Hosteado por www.hostingbaires.com.ar