Cada año, en el Panal Mielero, todas las abejas debían
elegir a su presidente.
El cargo de presidente se había creado desde aquella vez que una
abeja inteligente descubrió que cada una por sí sola no
podía dar clases, poner vacunas, limpiar el panal y, además
de todo, hacer y vender la miel.
Entonces, en una gran reunión, todas se pusieron de acuerdo y,
con lo que se había ganado con la venta de miel de un año
entero, unas abejas abrieron una escuela, otras un hospital, otras un
lavadero y así, lo que no podían hacer unas, lo hacían
otras.
Pero como debía haber una abeja que se encargara de guardar el
dinero bien guardado y utilizarlo sólo cuando el panal lo decidiera,
se propuso que hubiera una abeja presidente, o sea, una abeja en la que
todos confiaran.
De este modo, se
acercó el momento de elegir y, poco antes
del día esperado, cada candidata hizo su propia
propaganda. Por ejemplo, una pasó zumbando
por todas las calles, arrojando semillas de diente
de león, que caían como pequeños
globos; otra se paseó por las veredas montada
en un gusano, otra hizo una exhibición de
equilibrio, poniéndose cabeza abajo sobre
el mástil de una rosa china...
En cuestión de pocos días, las paredes del panal se llenaron
de carteles y cartelones con fotos de abejas sonrientes con alas relucientes.
Y hasta de una ventana a otra aparecieron pasacalles con el nombre de
algún vecino que quería ser presidente.
Un letrero que tenía el retrato de una abeja con las antenas enruladas
decía:
VOTA A LA ABEJA MABEL:
TE DARÁ LA MEJOR MIEL
Otro letrero prometía:
CON LA ABEJA TERESITA LA MIEL VENDRÁ EN BOTELLITA
También:
APOYA A LA ABEJA DARÍO Y JAMÁS PASARÁS FRÍO
Y hasta hubo afiches
de una abeja que, en vez del traje con franjas negras
y doradas que usaban todas, tenía un frac
a rayas rojas y violetas y un gran moño verde
que decía:
ABEJA VICENTE... ¡UNA ABEJA DIFERENTE!
Pronto reinó la
confusión en toda la colmena: ¿quién
era el mejor? ¿A quién confiar los
ahorros de tanto tiempo?
Sólo la abeja
Fermín siguió trabajando como siempre,
extrayendo el néctar de flor en flor y fabricando
su gota de miel de cada día. Y no porque no
quisiera ser presidente, sino porque creía
que había compañeras que estaban mejor
preparadas que ella para ocupar ese cargo tan importante.
Pasó el tiempo
y llegó el gran día.
Haciendo fila desde muy temprano, todas las abejas del panal pasaron
delante de una campanilla azul y arrojaron dentro de ella una pequeña
tarjeta de cera con el nombre elegido.
A la mañana siguiente, todos se enteraron que la abeja Mabel era
la nueva abeja presidente.
Hubo grandes festejos, con música y comparsa. De los panales cercanos
llegaron representantes a saludar y la noticia se comentó largo
rato en algún encuentro de las avispas y las hormigas voladoras.
Pero la alegría
duró poco, porque en los días siguientes
no hubo ninguna mejoría en el panal y Mabel,
aprovechando que todas sus compañeras no hacían
más que trabajar, se dedicó a
dormir tranquilamente en su casa.
Al enterarse de esto,
todos decidieron buscar nuevo presidente. Y como
era otoño, eligieron a Darío. Pero
Darío, en vez de proteger al panal del frío,
gastó parte del dinero en comprarse una bufanda
y una gorra de lana para él solo.
Otra vez, las abejas
decidieron cambiar de presidente y entonces le dieron
la oportunidad a Teresita. Pero la verdad fue que
nada cambió y a la hora de cumplir las promesas,
nadie llegó a tener la miel en botellita como
se había dicho.
Finalmente, de las
abejas conocidas quedaba Vicente, que trabajó junto
a sus compañeras apenas dos días y
después se dedicó a holgazanear y a
visitar panales de lejanos jardines.
Ya desengañados
de todo, las abejas del Panal Mielero se reunieron
para tratar de encontrar una solución.
- ¿Y si nombramos presidente a Fermín? –propuso una.
- Fermín... Fermín... –pensó otra- No lo conozco. ¿En
qué publicidad estaba?
- No; no hizo ninguna publicidad. Él solamente trabaja en el panal
de la mañana a la noche, pero parece una buena abeja.
- Ah, pero así... ¿quién lo va a conocer?
Sin embargo, tantas vueltas dieron sobre el tema y de tantas abejas brillantes
y bien peinadas se habían desencantado que, por fin, Fermín
fue elegido presidente.
Hasta hoy, el Panal
Mielero sigue siendo el más bello de todos.
De la única escuela que había, ahora hay cuatro y si una
abeja se siente mal, puede atenderse en tres hospitales.
También hay muchos lugares de diversión, donde jugar y
tomarse una copa de miel con los amigos.
Y –como lección- las abejas aprendieron a no creer en todo
lo que se anda prometiendo por ahí, porque siempre el buen ejemplo
lo dan aquellos que, como Fermín, trabajan silenciosamente para
vivir cada día en un mundo mejor.
© Carlos Marianidis
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