APARIENCIAS,
SÍ ENGAÑAN
Como cada noche, la pequeña María, se dirigía
a su recámara. Subía
lentamente , uno a uno los escalones hasta llegar a su habitación.
Despacio, tímidamente se preparaba para dormir, después
del por
supuesto ya consabido ritual nocturno de : lávate los dientes!
Ya en su cama, bajo el tenue resplandor lunar que apenas alcanzaba
a
iluminar algunos rincones de la habitación; la niña de
nueva cuenta daba
rienda suelta a su imaginación.
Todo era cómplice : el asfixiante silencio, el golpeteo arrítmico
y
sofocante de su corazón, la parcial oscuridad.
Todo, cada elemento conformaba un ambiente terroríficamente
fértil para
los miedos infantiles.
La niña ya recostada agudiza sus sentidos, con gran esfuerzo
su
visión irrumpe, desgarra la casi sólida oscuridad y observa
las tan
temidas escenas dantescas escenas .
Su mente se niega a creer lo que sus horrorizados ojos observan. No
puede hablar, no sabe que hacer,
solo susurra con angustiante voz:
--¡Ahí!, ¡Ahí está!, ¡Me
mira, viene por mí!
¡Lo veo, sí! , está sobre la silla, al lado del librero,
es .., es un bulto, no.., pero , pero , no es un bulto.
Tiene la cabeza colgando, la tiene desprendida del cuerpo , es
horrible. , está levantándose, no puede ser .
¡No, no por favor!, ¡No!.
Pero es demasiado tarde.
María se tapa con sus cobijas, siente
que se ahoga,
mantiene sus ojos cerrados, apretados, los siente como una presa de
agua a punto de estallar, hace grandes esfuerzos por contener el anunciado
llanto.
Su cuerpo se estremece, tiembla, su pequeño corazón palpita
tan fuerte
,que sus latidos llenan su habitación, como un grito desesperado
de terror.
Angustiosamente trata de incorporarse de la cama, pero las cobijas
se
le han enredado de tal forma ,que parecen fuertes brazos tratando de
asfixiarla.
Quería correr, gritarle
a sus padres, pero no, no fue necesario, ellos
amorosos ya se acercaban para darle las buenas noches.
Y.., así, cuando sus papás
encendieron la luz de la lámpara, todo fue
una dolorosa sorpresa.
María pudo ver claramente
que sobre la silla solo estaba su pequeño
abrigo , meciéndose acompasado y de lado
colgaba el gorro de una de sus
muñecas.
¡Solo eran juguetonas y bromistas sombras en tenebrosa armonía con
la
luz nocturna, salpimentadas con la desbordada imaginación de
María!
Jejejeje.., ja ja ja.., en verdad que las apariencias, sí engañan!