E...
en el norte húmedo y frío de un país
antiguo y lejano, una ciudad muy noble, muy leal,
invicta, heroica y buena de nombre Ivodoe, situada
en la falda del monte Arannoc. Era ésta
una ciudad muy hermosa llena de monumentales edificios,
excelentes mansiones y amplios paseos, y de muchas
fuentes; fuentes de todos los tamaños y
formas, que se diseminaban por su recinto amurallado
como un homenaje a la lluvia que llegaba con el
Otoño y se iba con la primavera. En esta
hermosa ciudad vivían los señores
de Tredua, Jusse y Htrese, que habían tenido
una preciosa hijita, Aplir, que es, como ya supondréis,
la protagonista de esta historia.

Aplir
era una niña especial, su destino había
sido anunciado por señales de enigmático
mensaje, designios velados a los no iniciados;
por ejemplo, algunos meses antes de nacer, una
noche en la sus padres estaban viendo una mágica
sesión de fuegos artificiales, se formó un
círculo de humo que se mantuvo sobre ellos
durante un tiempo. Como todos sabéis el
círculo es el símbolo mágico
por excelencia de los druidas celtas y que simbolizan
con la serpiente que se muerde la cola, es la
unión de alfa y omega, el principio y
el fin unidos, dicho con una palabra antigua,
es el wyrd, ese destino prefijado en las estrellas
e inescrutable para los mortales, que marca a
aquellos que están llamados a ser célebres
( para bien o para mal) y sus vidas cantadas
en las reuniones por los juglares de todo los
confines del mundo conocido para ejemplo o diversión
de quienes las escuchan. Asimismo justo la noche
en que empezó a nacer Aplir, su padre
observó desde una ventana de su mansión
como un caballo, sin montura ni arreos y aparentemente
sin dueño galopaba libremente por las
calles de la ciudad desierta, lo consultó y
le fue dicho que el sentido de esa visión
era que su hija poseería un espíritu
libre (y a veces salvaje), que nada ni nadie
podría impedir que llevase a cabo lo que
quisiera hacer. Además debéis saber
que uno de sus ojos oscuros y profundos era diferente
del otro, con un iris más grande e irregular
lo que ampliaba su visión y le permitía
observar más lejos que el resto de los
mortales y ver mejor en el interior de las personas;
y muchos otros signos y características
anunciaban el especial futuro de la pequeña
Aplir, pero sería largo y tedioso enumerarlos
y como quiera que Aplir tuvo una vida larga y
ajetreada ya iremos conociéndolos, pues
serán descritos en otras aventuras.
Aplir
nació el mes de Mayo en el año
de la Rata, en el segundo tercio de la Primavera,
por lo que fue consagrada al Toro, que se convirtió en
su Signo protector, recibió las visitas
de sus abuelos, sus padrinos Aitripac y Olimie,
demás familiares y amigos que llenaron
de flores y regalos su habitación. También
recibió, en secreto dos visitas una la
de los seres invisibles y nocturnos que habitaban
en el palacio de Tredua que son los mismo que
habitan en todas las casas donde vive gente de
bien y que son llamados elfos, trasgos o duendes
y también Hadas o incluso ángeles
guardianes. Éstos le dieron los dones
que normalmente dan a los niños pequeños
de cada casa, el don de la sonrisa encantadora,
el don de la memoria infinita para aprender rápido
las cosas que son necesarias para vivir, el de
poder entender los lenguajes secretos de los
animales y las plantas, e incluso de las cosas.
En pocas palabras, todos esos dones que a medida
que crecemos desaparecen por falta de uso y de
creencia. Y la otra visita especial fue la de
una maga, Ogriuma, que alzando su bastón
lanzó un conjuro protector sobre la cuna
y demás enseres de la pequeña y
prometió vigilar su vida y ayudarla cuando
se hallara en un peligro cierto, cosa que, como
veremos cumplió, aunque eso también
es otra historia. Además prometió visitarla
más adelante, cuando pudiera hacer uso
de alguno de los regalos que le reservaba. Antes
de irse dejó sobre la cuna de Aplir un
amuleto, un pequeño talismán que
le serviría también para saber
de ella sin necesidad de acercarse por la mansión.
Ahora
hagamos un salto en el tiempo hasta que Aplir cumplió dos
años, hasta ese día creció feliz
rodeada de sus padres, familia y amigos que la querían
con locura, porque debéis saber que era una
niña con una de las sonrisas más encantadoras
que habéis visto nunca. Nadie se resistía
a aquella sonrisa, aún ya desde la cuna, cuando
apenas abría sus oscuros y grandes ojos, aquella
sonrisa encandilaba a todo aquel que se ponía
a su alcance. También junto a ella estaba
su aya, de nombre Ifan, que se hizo cargo de ella
a los seis meses de edad y se hizo con el cariño
de Aplir enseguida, convirtiéndose en una
segunda madre y un poco "compinche" de
travesuras de la pequeña. Cuando ocurrió lo
que voy a relataros era el día del cumpleaños
de Aplir y era por entonces una chiquilla inquieta,
revoltosa, un auténtico "perico" como
solía llamarla su madre. Aquel día
como cada mañana sus padres la dejaron al
cuidado de Ifan para acudir a sus obligaciones. Quedó en
su cuna apurando los restos del sueño mientras
Ifan se ocupaba de las tareas de la casa, pero aquel
día Aplir despertó con ganas de aventura
y en vez de llamar como solía hacer cada mañana
para que la atendieran se levantó ella sola
y corrió hacia la puerta que comunicaba con
el jardín posterior de la casa. Como quiera
que ese día el viento era especialmente fuerte
y las ventanas y balcones de la casa estaban abiertos,
una gran corriente de aire hizo que la puerta se
cerrara tras Aplir con gran estrépito, Ifan
se sobresaltó al sentir el ruido y corrió hacia
allí para comprobar lo que había ocurrido.
Cuando vio que solo era la puerta del jardín,
más tranquila, se dirigió a la habitación
de la niña para ver si aún dormía,
miró desde la puerta y entre las sábanas
revueltas creyó percibir el bulto del pequeño
cuerpo de Aplir, y como aún era temprano,
decidió dejarla dormir un poco más,
y así poder seguir con sus quehaceres tranquilamente
cerrando alguna ventana para evitar la corriente
de aire dentro de la casa. Pero el portazo también
asustó a Aplir, lo que hizo que bajara deprisa
las escaleras hacia el jardín y que tropezara
con el penúltimo escalón, para caer
sobre la hierba donde quedó tendida ligeramente
aturdida.
Al
recobrar plenamente el conocimiento se encontró frente
a un ser extraño que sin embargo le sonaba
remotamente: era un pequeño animal, no más
grande que los perros de su padre, de color blanco
ligeramente azulado, con un pequeño apéndice
del tamaño de un dedo de adulto erguido
sobre su frente, puntiagudo y de aspecto y color
del hueso, además tenía crin y cola
como los caballos y una pequeña barba debajo
del hocico. Aplir intentó acercarse a la
pequeña bestia, que la observaba con curiosidad,
pero ésta reculó y saltó para
alejarse de la niña. Entonces recordó los
grabados que su padre le enseñó un
día; aquello era un unicornio o "Miconnio" como
ella diría, más pequeño, más
feo que los que había visto en las láminas
pero se parecía mucho. Cogió hierba
en la mano y se la ofreció, tal como había
visto que su padre hacía con las bestias
del campo cuando salían a pasear. El pequeño
animal se acercó, no sin recelo, respondiendo
al ofrecimiento de la niña. Una vez estuvo
cerca, Aplir se dispuso a acariciarlo, primero
con suavidad, pues el animal hizo ademán
de irse cuando sintió la pequeña
mano de la niña sobre su piel, y luego ya
pudo acariciarlo con más confianza. Al fin
devoró las hierbas que le ofrecía
Aplir y cuando esta se alejó la siguió empujándola
para provocarla, Aplir volvió a coger hierba
y ofrecerla y aprovechó la confianza para
intentar montarse encima de él pero no se
dejó, haciendo que Aplir se cayera al suelo,
mientras la bestezuela la miraba de reojo con un
asomo de sorna en sus ojos, unos ojos grises que
poseían el destello de la sabiduría,
que parecían profundos y tristes como los
de un ser infinitamente viejo y contrastaban con
la aparente corta edad del pequeño animal.
Así, entre empujones y caricias se entretuvieron
un rato jugando hasta que el pequeño animal
se sentó y comenzó emitir sonidos,
primero como un susurro, lo que hizo que la niña
la observara con sorpresa, luego se sentó junto
al "miconno" para escuchar con más
atención. Aquella extraña criatura
cantaba, con una voz dulce y tranquila, Aplir no
entendía las palabras que oía pero
la melodía era maravillosa y mágica
ya que proponía imágenes en la mente
de Aplir, sabía a las caricias de su madre
tras el baño nocturno, olía al pecho
de su madre caliente y dulce, era como estar en
los brazos de su padre por la noche antes de dormir
oyendo historias y canciones. Con toda esa paz
que la canción le proponía se fue
quedando dormida soñando sueños de
luz y alegría.
Entretanto,
su aya había decidido despertar a la pequeña
y al entrar en la habitación se llevó el
peor de los sustos que podía esperar: ! Aplir
no estaba en su cuna¡. Abrió la ventana
de par en par esperando que la niña se hallase
en la habitación escondida o dormida en un
rincón, pero no estaba. Salió de la
habitación presa del pánico a punto
de gritar que habían raptado a la niña,
pero de pronto se acordó del portazo que la
había sobresaltado no hacía más
de media hora y corrió hacia la puerta del
jardín con la esperanza puesta en que estuviera
allí. Abrió la puerta y al comenzar
a bajar las escaleras la vio tendida a los pies de
la escalera durmiendo encogida y arropada por una
pequeña cabra blanca que se había echado
a su lado para darse calor mutuo. Ifan cogió a
la niña con cuidad y procuró que no
se sobresaltase, la abrazó mientras la lagrimas
acudían a sus ojos descargando la enorme tensión
sufrida momentos antes. Al caminar hacia la casa
se volvió hacia la criatura que estaba echada
junto a la pequeña y que ahora se había
quedado mirando a Ifan con sus ojos tristes, "Pobrecilla" pensó, "de
dónde habrá salido esta pequeña
cabra", se fijó entonces que del cuello
pendía un papel enrollado con un pequeño
lazo azul, lo tomó al ver que tenía
algo escrito: "Para Aplir en su cumpleaños" y
estaba firmado por Ogriuma. " Esta bruja" se
dijo " ¿ Para que queremos una cabra?,
que además está mutilada" al fijarse
que de su cabeza solo salía un cuerno recto
y puntiagudo " espero que al menos dé leche".
Aplir despertó entonces y miró a la
cabrilla diciéndole "Adiós, Miconnio!". " Y
tú, señorita, ¿ Crees que me
puedes asustar de esa manera ?. Pero viendo que Aplir
se asustaba ante el tono de su voz prosiguió " Bueno,
no llores, ¡ Pero no lo hagas más ¿eh?",
Vaya miedo que me has hecho pasar" mientras
tanto la abrazaba y la besaba hasta que Aplir empezó a
protestar.
Al
mediodía, cuando llegaron los padres de
Aplir, Ifan les relató lo ocurrido por la
mañana; la desaparición, el susto
y la aparición final, el extraño
regalo de la maga y les tendió el trozo
de papel que había recogido del cuello de
la cabra. Jusse lo abrió y leyó:
Queridos
Jusse y Htrese:
Un nuevo año cumple mi querida niña
Aplir,
no será más que un pequeño ratón
hablador.
Iré a verla tan pronto pueda pero por ahora
coged mi regalo y cuidadlo por ella hasta que pueda
ofrecerle su ayuda y su especial cariño.
Recordad que el bien más preciado es la libertad
no lo atéis ni encadenéis, no escapará, no temas
irá donde vaya Aplir o le ordene ella. ¡Ah! y nunca
olvidéis que lo que buscáis lo tenéis en las manos.
Felicitad a Aplir y dadle un beso de mi parte.
Ogriuma
P.D. : Su nombre es Luzazul.
Jusse
se asomó a la ventana y observó al
animal que vagaba por el jardín distraídamente, " Es
curioso, parece una cabra, sin embargo se que Ogriuma
nunca hace regalos sencillos, no es su estilo, ¿ te
has fijado? , sólo tiene un cuerno, no se,
bueno, bienvenida sea, ¿Qué tal Aplir? ¿ Juega
con ella o le da miedo?", Le preguntó a
Ifan; " No, nada de miedo, son grandes amigas,
estuvieron por la mañana jugando y aunque
parezca extraño parecía que la cabra
entendía a la niña cuando ésta
le hablaba, además, bueno... Me pareció que
la cabra en vez de balar, cosa que no le oí en
toda la mañana, pues.. que me pareció oír
que cantaba, aunque debió ser Aplir la que
lo hizo, pero su voz sonaba rara, demasiado melódica,
no se". A continuación llegó Aplir
corriendo para abrazar y besar, primero a su madre
y luego a su padre pero al ver los paquetes que
estaban sobre el suelo, y sabiendo que el día
no había sido " perfecto", preguntó con
los ojos si podía y al recibir la aprobación,
se abalanzó sobre ellos para abrirlos, " Felicidades
cariño" le desearon sus padres, pero
ella no atendía más que para aquellas
dos cajas envueltas en papel de regalo que se deshacía
entre sus pequeñas manos.
Jusse
aprovechó la comida para preguntarle a Aplir
sobre lo ocurrido durante la mañana, con
su media lengua, la pequeña le habló del "Miconnio" que
hacía "muhca" y "foyis" y
que "jiaba" con ella, todo aderezado
de gesticulaciones en apoyo de las palabras, mientras
su madre intentaba que comiese el almuerzo que
le había preparado y el postre. Tras escuchar
la " precisas" explicaciones de su hija
Jusse, se levantó miró por la ventana
para observar el extraño regalo de Ogriuma
y decidió releer el texto del mensaje. Al
cabo de un rato sonrió murmurando "vieja
bruja tramposa". Htrese le vio y se acercó a él " ¿ Qué pasa,
es algo malo?. No me gusta nada ese animal. Es
tan raro, una cabra blanca con un solo cuerno". " No
te preocupes, es un regalo maravilloso, pero aun
tardará un tiempo en servirle a Aplir ,
entretanto debemos cuidarlo, o bueno, simplemente
vigilarlo. Sólo servirá a la niña
y sólo ella lo verá como es, a nosotros
siempre nos parecerá eso una cabra de un
solo cuerno pero, cariño, lo que tenemos
en el jardín es uno de los seres más
fascinantes que jamás hayan existido y le
pertenece para siempre a tu hija". Htrese
le preguntó " ¿ Por qué lo
sabes?" . Jusse le mostró el mensaje
que tenía en la mano y entonces Htrese descubrió el
mensaje oculto. " Ya, secretitos, tonterías, ¿Ves
lo que pasa, cuando tienes relación con
una bruja?. ¿ No podía ser como todo
el mundo y regalarle una muñeca o un perro,
o un amuleto ?. Vale y ahora, ¿que hacemos
con "eso"?, ¿ Que come, como se
cuida ?." No te enfades, no hay problema; "eso",
como tu lo llamas se cuida él solo, lo único
avisar al jardinero para que no lo azuze o lo encierre.
Y recuerda que un regalo es un regalo y que su
nombre es "Luzazul". Htrese murmuró una
protesta mientras volvía hacia la mesa donde
Aplir ya comenzaba a cansarse de estar sentada
sola a la mesa y había alcanzado y/o tirado
todo lo que tenía a mano.
Mientras
tanto, Jusse miraba por la ventana y recordaba,
con la nostalgia que cubre la memoria de los años
de infancia y de adolescencia, que cuando él
tenía la edad de Aplir soñaba con
tener una "Bruja madrina" y que ésta
le hiciera regalos mágicos como aquella
pequeña cabra de un solo cuerno que le hubieran
acompañado en sus aventuras y juegos hasta
que la edad o el conocimiento le hicieran demasiado
mayor para entrar por la siempre pequeña
puerta que da paso al mundo de la fantasía.
Colorín
colorado este cuento se ha acabado.
Jesús
E. Duarte López
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