Carlota y las nubes
Tan
alto estaba el castillo que por sus ventanas se colaban las nubes. -
mamá está en el cielo- le había dicho cientos de
veces su padre, y era por eso que la hermosa Carlota se pasaba los días
asomada a la ventana de su dormitorio, respirando y tocando aquellas
nubes blancas, imaginando que algo de su madre estaría impregnado
en ellas. Pasó el tiempo, los años corrían con gran
rapidez para el pobre rey que soñaba con volver a oír
risas entre aquellas gruesas paredes y se dio cuenta de que su hija
ya era una mujer, pero a pesar de ello no parecía tener el más
mínimo interés en formar su propia familia.
- Debes casarte ya - le dijo un día el rey. Pero Carlota era tímida y no sabía de qué modo podría conocer a un caballero que le gustara tanto como para contraer matrimonio. - Mañana mandaré a todos mis pregoneros anunciando que deseas casarte y que, por tanto, quien aspire a convertirse en tu marido y por lo tanto, futuro rey, debe acudir al castillo para someterse a una selección- A la princesa le pareció algo humillante y por tanto se negó alegando sentir vergüenza, pero su padre no cedía en su propósito. Después de una larga conversación, llegaron a un acuerdo: la princesa Carlota se ocultaría en el interior del armario de sus aposentos, y por allí irían pasando todos los pretendientes, ignorando que serían observados por ella. - Así, padre, si alguno me agrada, te lo comunicaré - - Procura que así sea hija mía -
Inmediatamente
y sin ser consciente de lo que hacía, salió de su escondite
para ver a la persona que se comportaba del mismo modo que ella. Al
oír ruido, el hombre se dio la vuelta y ¡ cuál
fue su asombro al ver su rostro ¡ era negro! Negro como el carbón,
negro como una noche sin luna. Viendo la expresión de estupor
en el rostro de Carlota, rompió a reír, y su sonrisa
blanca iluminó el oscuro rostro haciendo que la princesa se
enamorara inmediatamente de él, y viceversa."Nunca había
visto a nadie como tú", le dijo.
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