Charlaban un día,
contándose sus hambrunas, el Quirquincho y el
Zorro a la vera de un camino, cuando avistaron una
carrete de quesos que venía hasta el tope.
-¿Cómo
haríamos, compadre, para conseguirnos un quesito?-
preguntó el Zorro olfateando fino y haciéndose
agua la boca.
-No hay más que
ponerse de tranca bajo una rueda- dijo el Quirquincho,
y dicho y hecho,: se convirtió en una bola y
se dejó rodar hasta la huella.
Llegó la carreta
y al pasarle por encima dio un barquinazo, cayó a
tierra el codiciado manjar y ambos ladrones se lo repartieron
equitativamente.
Pasó otro día
otra carreta de quesos, y como esta vez el turno le
tocaba al Zorro, el mentecato, creyéndose tan
duro de lomos como su compadre, imitó la maniobra
y sucumbió reventado por la llanta. |