Viaja con su caja
rodante mágica por el mundo,
su trabajo, hacer travesuras y bromas a los distraídos,
se llama Alpiste, y es un simpático y escurridizo
duendecillo. Vino directamente de los Alpes, en un
barco, y se quedo en la Argentina.
Le gustan las grandes ciudades, porque allí la
gente vive apurada, corriendo de aquí para allá,
y muchas veces, pierde la pista de los objetos que
mas necesita. Ese es justamente el trabajo de Alpiste,
estar atento, y, cuando la persona se distrae…..zaz!
se adueña del objeto en cuestión, y corre
rápido a esconderlo, luego, se sienta en un
lugar cómodo a descostillarse de la risa, mientras
el distraído se vuelve loco busca que te busca
aquí y allá.
Que cosas le gusta esconder?
Bueno, todas aquellas cosas que la gente más
necesita y quiere: entre sus trofeos podemos hallar
aritos, anteojos, billeteras, llaves, encendedores,
celulares, peines, perfumes, monedas. Es especialista
en celulares y controles remotos.
Quien no estiro la mano para tomar una toalla del toallero,
y oh sorpresa, allí no había nada: Alpiste.
Quien no fue apurado a tomar la llave del llavero y
Oh sorpresa! Allí no estaban: Alpiste. Quien
no se levanto apurado a ponerse los zapatos y Oh sorpresa!
Faltaba uno: Alpiste.
Este trabajito, a nuestro amigo le encanta, y se divierte
mucho cuando la gente busca y busca lo perdido. Pero,
para saber que cosa tiene que esconder, tiene que pasar
un tiempito observando, que es aquello tan necesario,
que alguien tenga que buscarlo de inmediato y sin perder
tiempo.
Es así que pasó horas acompañando
a una señora paquetiiiisima hasta darse cuenta
que su objeto mas preciado era un anillo con una gran
piedra azul. Se lo quitaba para mirarlo en la luz de
la lámpara, para admirarlo en la luz de la ventana,
para verlo a la luz de la luna Alpiste espero paciente
el momento de distracción y zum! Escondió el
anillo.
Todo iba muy bien hasta que, conoció a Martín,
un nene humilde que vivía con sus padres en
una casita modesta. Lo siguió varios días,
a la escuela, a jugar a la pelota con los amigos, ayudando
a lavar los platos a la mama, a cortar el pasto al
papa, a jugar al ajedrez con el abuelo, a contar estrellas
en la terraza, a ayudar a su hermanito Coki con la
tarea….en fin, paso días y días
sin descubrir que era lo mas preciado para Martín.
No había en realidad, nada en especialmente único
o importante para este niño, sus tesoros, eran
el amor de los padres, la compañía y
el cariño de su abuelo, la amistad de sus amigos,
y la admiración de su hermanito que lo miraba
siempre con ojos de quien mira a un superhéroe.
Alpiste paso tanto, pero tanto tiempo con Martín,
que se encariño y ya no quiso mudarse, estaciono
su caja rodante mágica bajo la cama del nene,
y allí se quedo, haciéndole compañía
y viviendo sus aventuras y sus días. Claro que
cada tanto, vuelve a las andadas, y se divierte escondiendo
alguna cosa, así es que, si algún día,
buscas algo, que estabas seguro habías dejado
allí: Alpiste, perdiste.
Lorena Guerrico |