¡ UAU! ¡AJUMMM! Se desperezó Luciano
sentado en su cama, mientras esperaba que su mamá le
trajera la leche. ¡Qué suerte! Hoy era sábado
y había podido dormir un poquito más. Fue
hacia la ventana para mirar la calle. Pasaban pocos coches,
porque claro... hoy era sábado y había
silencio. Apenas algún RRRUUUUMMMM chiquitito
de los coches que pasaban por la avenida.
Mamá apareció con una rica taza de café con leche y tostadas
con dulce de leche... y a Luciano le pareció tan linda. Porque todas las
mamás son lindas, pero la de él, Mamá Moka, era mucho más
linda que las demás, eso seguro. Mamá empujó la puerta
con el pie, que hizo SLAMMM al cerrarse.
¡Mamá! ¿Puedo tener un perrito? – dijo Luciano con
un poquito de miedo de que le dijeran que no. En ese momento, justo justo cuando
Mamá iba a contestarle, se escuchó el GLONG GLONG del timbre (porque
ese timbre sonaba así, como si estuviera haciendo gárgaras). Mamá dijo
entonces: - No dejes enfriar la leche, Luciano, voy a ver quien es.
Luciano se puso a tomar la leche ¡MMMMM! ¡Qué rico hacía
el café con leche Mamá! Nadie lo hacía como ella. ¡Y
qué ricas las tostadas! Parecían como de arena, doraditas y al
morderlas se escuchaba CRUNCH CRUNCH... si parecía que retumbaban en
la cabeza: CRUNCH CRUNCH.
Apareció Mamá con una carta en la mano. ¡Mirá, Luciano,
una carta de mi amigo, el que vive en la Patagonia! - ¿Y queda muy lejos
la Patagonia, ma? – Y si, bastante, hijo – Contestó Mami mientras
cortaba la punta del sobre TRISSS. Ma – Dijo Luciano. Pero en ese momento
de adentro de la carta salió un SUISHHHHHSSSS y un JAJARAJAIJA de lo más
contento. - ¡Mami, tu amigo escribe cartas con ruido! – Y también
con aire fresco – dijo Moka al sentir la brisa que llenaba la habitación
de Luciano. ¡Mami y con risas raras! -Dijo Luciano, mientras trataba de
atrapar un lorito dibujado que hacía GREEK GREEK. Mamá trató de
cerrar la carta, pero en el apuro se le cayó al suelo y se terminó de
abrir. ¡Salieron tantas cosas! Dos ballenas y cinco lobos marinos, un pingüino
fiaca, cuatro gaviotas, quince guanacos, una pareja de ñandúes
con sus hijitos (que se llaman charitos), tres pilquines (las vizcachas de la
sierra), dos liebres patagónicas (las maras) y un zorro colorado que las
corría... ¡Se armó un lío!
Todos los animales gritaban a la vez y dentro de la pieza era un WINN, WINN,
GREEK, CRACK CRACK, TWIISS TWIISS, TACATA TACATA, UUUH UUUH, OOONK OOONK...
Los vecinos serios, que no podían mirar ni escuchar la tele y los noticieros,
empezaron a golpear las paredes, el piso y los techos. Vino la abuela a ver que
pasaba y casi se desmayó cuando una lechuza se le paró en el hombro;
vio a Mamá Moka que estaba en cuatro patas, tratando de alcanzar una liebre
que se había escondido debajo de la cama y que las gaviotas llevaban volando
a Luciano por toda la habitación. Después de quichicientos minutos
corriendo a los animalitos, Mamá pudo guardarlos de nuevo en el sobre
y sacar la carta para leerla. - ¿Qué dice tu amigo, ma? – preguntó Luciano
mientras se sacudía unas plumitas de gaviota que le habían quedado
en el hombro. – Dice que nos quiere mucho y nos manda un poco de aire patagónico,
para que nos acordemos de él. También dice que cuando queramos
jugar con los animales, abramos el sobre despacito, para que salgan de a uno
-. – Ah – dijo Luciano.
Mamá Moka se quedó pensando y después le preguntó a
Luciano: - ¿Qué me decías de un perrito?. – Nada,
Mami – Contestó Luciano mientras abría un poquito el sobre
y veía a un pilquín que le guiñaba un ojo mientras gambeteaba
para que el zorro colorado no lo alcanzara.
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