Adán
trepó al Arbol de la Vida y cogió numerosos
frutos de él. El mono Ziki los juntó pacientemente
en una gran canasta hecha de juncos y una vez llena
caminaron juntos por el bosque del Paraíso.
A su paso la repartieron entre muchos animales-
el león entre
otros- y esta se multiplicaba por encanto. Todos la disfrutaron en
esa siesta inolvidable. Bajaron y caminaron lejos para llegar a una
caverna donde había aguas azules que cantaban, jugaron y se
bañaron en ellas. Adán decidió dejarlas guardadas
en un cofre de mimbre bajo un gran árbol. Allí dispondría
de ellas cuando estuviesen de paseo ,lejos del árbol de la
Vida.
Nunca pensó que lo olvidaría, por todo lo que le esperaba
de vuelta al jardín del Paraíso.
Cuando Eva le sugirió comer del otro árbol, él
miró a Kuro el león que se hallaba cerca ,vio en sus
ojos como una sombra no vista en él. Isquia el águila
,aleteó queriendo indicar que no lo hiciera. Una bandada de
pájaros se alejó del lugar diciéndole que no .La
ardilla siempre humilde, tuvo esta vez la osadía de trepar por
el tronco del árbol del Bien y del Mal ,lo que nunca había
hecho para mirándole fijo a los ojos decirle que no era ese
el camino. Esa serpiente desconocida por todos, sonreía como
ningún animal del Paraíso ,lo hacía con una mueca
que invitaba a saber algo que sólo ella conocía, con
una suerte de desenfado
Eva repitió -¿Por qué no?¿ Acaso
El no nos hizo libres? Adán pensó ,que todo estaba dentro
de lo posible en realidad. El Creador lo prohibía pero no les
ató las manos, por lo tanto estaba en su mano comer o no comer
Luego que lo hicieron, a un sentimiento inicial de casi plenitud
y poder ,de libertad ejercida incluso contra el mismo Creador lo
que
los ponía pensaron a su altura, luego siguió la desilusión,
la naturaleza se les hizo hosca, sintieron frío, sus pies sintieron
lo duro de los guijarros de la tierra y el hielo del viento de la tarde
no era amable con ellos. Dios no eran ellos ,llamaron a la serpiente
,pero se había desaparecido
Cuando hallaron a su amigo el león Kuro, les gruñó con
una mirada que no habían visto en él nunca antes, le
tuvieron miedo el que tampoco conocían. Kuro a su vez con ira
y congoja y la cola entre sus piernas se les alejó y sintió también
que había ramas duras que podían herirle. Una desazón
y desconfianza general se había apoderado del mundo de los animales.
Si Adán el padre y amigo les había fallado ¿no
podrían otros fallar también? .Decidieron reunirse entre
ellos, el aire estaba tenso y oscuro. Kuro ahora el más anciano
les habló:
-"Hermanos
su misma palabra le sonó extraña
y no supo porqué,
nuestro padre Adán ha seguido
su camino olvidando lo que el Creador nuestro Padre común le
ordenara, se quiso hacer igual como El, ustedes ven lo que ha sucedido,
ya nos cuesta cada vez más entendernos, algo terrible ha pasado,
sentimos el peso de una tiniebla en nuestros cuerpos y una sensación
nueva que es el dolor con que la naturaleza nos aflige. No olvidemos
sin embargo que nada hicimos nosotros y sobretodo que poco antes todos
comimos del Arbol de la Vida y nuestro corazón se llena aún
de gozo pensando en esos momentos ,aún por sobre las extrañas
oscuridades que nos invaden lentamente. Sólo les puedo decir
que sigamos fielmente como hasta ahora la ley que nuestro Padre Creador
nos colocó dentro, aunque esta oscuridad trate de ahogarnos"
"El bosque -siguió Kuro- ya no es nuestro amigo, las aguas, y huracanes
pueden destruirnos, lo adivinamos y muchas otras cosas más han de sucedernos
talvez , pero el sol seguirá entibiando nuestras madrigueras y nuestras
hermanas aves no han perdido la belleza de su voz, ni las mariposas sus bellos
colores. Nuestros cachorros juegan y retozan con sus madres y aún sabe
tibia la leche de sus pechos. Sigamos nuestro camino, el Padre cuidará de
sus pequeñas criaturas .
"
-2-
Entonces Ziki el mono habló, y les dijo que en la gruta lejos
del Paraíso Adán había dejado fruta del árbol
de la Vida. Que si iban y comían talvez eso les sanaría
de esta gran tragedia. Ellos aceptaron y fueron. Ziki sacó el
cofre y allí estaba la fruta ,la repartieron a los cuatro vientos
y comieron, esta seguía inagotable y alcanzaba para todos. Ziki
dejó el baúl donde lo hallase con sus frutos.
Los animales adquirieron entonces una paz, una sabiduría silenciosa
y comprendieron que eran inocentes, absolutamente inocentes, que su corazón
llevaba inscrita una ley que ellos cumplirían siempre hasta cuando
el Dios lo dispusiese y sobretodo que eso nuevo que había aparecido
entre ellos ,el dolor de las espinas en sus patas, de las alas rotas
,de la enfermedad, y tantas otras cosas antes nunca vistas ,para ellos
guardaba un porqué para todos los vivientes que sólo el
comer de esa fruta ahora les había revelado. Ese gran secreto
lo llevarían muy calladamente entre ellos, incapaz de ser comunicado
a los hombres .Y desde entonces caminaron con paz entre el dolor y la
muerte , cuyo aguijón los humanos jamás aquí comprenderían
.
Orlando
Michaud (Chile)
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