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Las niñas de colores

Había una vez un país que era completamente azul. El mar y el agua del río eran azules y del mismo color eran los árboles, las montañas y los caminos. En aquel país había un pequeño pueblo con todas las casas azules, las antenas de televisión azules y las calles azules. Allí vivía una pequeña niña que se llamaba Magdalena. ¿Y de que color dirías que era Magdalena?. Pues acertaste, Magdalena era completamente azul. La piel de su cuerpo, los ojos, su pelo, sus dientes y sus labios eran tan azules como todo lo que la rodeaba.
Un día Magdalena miraba el cielo azul y se preguntaba si todo el mundo sería igual que el pueblo en el que ella vivía, si no habría nada diferente al otro lado de aquellas montañas azules. En cuanto llegó a su casa le pregunto a su padre:
- Papá ¿existe algún lugar que sea diferente de este pueblo en el que vivimos?
El padre de Magdalena cultivaba unas manzanas azules sabrosísimas, pero jamás había salido del país azul.
- La verdad es que yo no lo se porque nunca he salido del pueblo, pero las leyendas cuentan que más allá de las montañas hay un país de otro color y más allá de las montañas de ese país hay otro diferente. Pero la verdad Magdalena es yo nunca he sido capaz de ir a comprobarlo.

Magdalena era muy curiosa y muy valiente así que aquella misma noche metió toda su ropa azul en una pequeña maleta del mismo color y en cuanto amaneció salió de casa con la intención de descubrir lo que había tras las montañas.
Caminó mucho rato, otras veces algunos hombres azules la llevaban en sus coches azules hasta que a lo lejos vio con sorpresa que todo parecía diferente. Junto al camino encontró un cartel en el que ponía:
" Aquí termina el país azul. Bienvenidos al país verde"
Y efectivamente detrás de aquel cartel enorme todo era verde. Las montañas, los arboles, los ríos, las manzanas como las que cultivaba su padre, el cielo, los pájaros y la tierra: todo era completamente verde.
Magdalena siguió caminando hasta que vio un pueblo pequeño y gracioso en el que todo era, como podéis imaginar de color verde: las casas, las tiendas, las maderas de las puertas y de las ventanas, las chimeneas. Todo verde. Y lo más curioso de todo es que la gente también era completamente verde. El pelo, los ojos, los dientes, la boca y la piel eran tan verdes que a Magdalena le dieron ganas de reírse a carcajadas de lo raros que los veía. Pero lo que Magdalena no sospecho es que a aquellas personas ella también les parecía rarísima y solo se dio cuenta cuando vio a una niña mas o menos de su edad que la miraba riendo a carcajadas.
- ¿ Que té pasa niña verde, porque me miras con esa cara?
- Perdona pero nunca había visto a nadie como tu. De hecho ni siquiera sabía que en el mundo hubiera gente así. ¿De que color eres?
- Soy azul, respondió Magdalena. Tú eres verde, lo se porque vi un cartel en la entrada a tu país. Bienvenidos al país verde ponía. Voy a recorrer caminos, primero azules y ahora verdes para saber si todo el mundo es igual. Aunque desde luego ahora ya sé que no debe serlo porque tu desde luego no eres como yo.
- Me llamo Elisa y efectivamente soy verde. Sabes que te digo. Pues que me voy contigo a recorrer caminos a ver que encontramos por ahí.

Dicho y hecho. Magdalena y Elisa, una completamente azul y la otra completamente verde caminaron juntas noche y día, comieron lo que encontraron por el camino y se hicieron grandes amigas, casi como hermanas.
Estaban cansadas de tanto camino verde cuando a lo lejos encontraron otro gran cartel que decía:
" Aquí termina el país verde. Bienvenidos al país amarillo"
Y efectivamente a partir de ese lugar todo cambiaba de color. La tierra pasó del verde al amarillo, lo mismo que el agua, los pájaros o los árboles. Caminaban sobre la tierra amarilla hasta que llegaron a un pequeño pueblo que ¿ adivinarías de color era? Pues eso, amarillo completamente.
De nuevo la gente se reía y las miraba con mezcla de diversión y cierto miedo hasta que una niña como ellas se acercó.
- ¿por qué tenéis esos colores tan raros? ¿ Acaso estáis enfermas o sois más tontas que nosotros?
Elisa y Magdalena recordaron como se conocieron y explicaron con paciencia a aquella niña de ojos y piel amarilla como iban viajando por el mundo para intentar conocer todos los colores que lo componían. La niña, que se llamaba Patricia, escuchaba con la boca abierta y cuando terminó de oír toda la historia se marchó a casa para volver enseguida con la idea de seguirlas.
Ya eran tres niñas de la misma edad y el mismo tamaño cargadas con tres pequeñas maletas. Magdalena seguía tan azul, Elisa tan verde y Patricia tan amarilla que realmente daba risa verlas a las tres juntas.
Siguieron caminando por el país amarillo y al final del camino otro cartel les daba la bienvenida al país rojo. Mas arboles rojos, mas camino rojo y como siempre pueblos rojos en los que encontraron gente roja. En este caso se unió a ellas un niño llamado Pedro que les producía carcajadas de verle el pelo y los dientes tan rojos que tenía. Caminaron juntos y en el país marrón se les unió Andrea y el violeta José Luis. Ya eran un buen grupo que caminaba sin miedo encontrando cada vez un país diferente, con gente de diferente color pero igualmente amable y bondadosa como para invitarles a comer o a dormir en sus casas fueran estas del color que fueran.

De pronto tras una curva apareció un cartel diferente, una mezcla de todos los que habían visto y que decía:
" Aquí termina el país del color único: Bienvenidos al país de todos los colores"
Nuestras amigas y amigos entraron rápido a ver lo que les deparaba aquel cambio y se dieron cuenta de que aquello era diferente a cuanto habían visto. Las montañas no eran de un único color. El cielo era verde en algunos puntos, azul en otros y blanco donde se posaban las nubes. Había árboles y frutos de todos los colores, incluso de algunos que ellas no conocían. Aquello era hermosísimo, tanto que no se cansaban de mirar a su alrededor. Pero la mejor sorpresa estaba aun por llegar. Ante su mirada apareció un pueblo multicolor con casas blancas rosas y amarillas, con las puertas marrones y sobre todo con cantidad de tonalidades de cada color.
La gente tenía todos los colores encima y quizá por eso no tenían un color definido. Unos parecían amarillos, pero muy claritos, otros eran marrón oscuro, otros negros, otros blanco claro y otros como marrón muy claro. Aquello si que era un espectáculo.
- Es increíble ¿ habéis visto cuantos colores? - Dijo Elisa con los ojos verdes muy abiertos.
- Alucinante - dijo Pedro enseñando unos dientes rojísimos al sonreír.

Todos estaban sorprendidos, tanto que no se dieron cuenta de que todo el mundo los miraba. Una niña como ellos se acercó.
- Que raros sois. ¿Por qué sois de un solo color? ¿ De donde habéis salido?

Magdalena se lo explicó. Todos habían salido de sus piases para buscar mas colores en el mundo y habían ido recorriendo países hasta llegar al cartel del mundo de colores que les abrió la puerta a semejante espectáculo.
- Yo me llamo Miranda y no puedo explicaros porque esto es así, pero mi abuelo es muy listo y sabe muchas cosas, así es que casi seguro que él si sabrá de donde habéis salido, venid conmigo.

Todos acompañaron a Miranda a su casa, amarilla muy alegre y con las puertas y ventanas verdes, donde estaba su abuelo. Era un hombre de muchos colores. El pelo lo tenía blanco, la piel marrón claro, los dientes mas bien amarillos y en la ropa casi casi no le faltaba ningún color de los que conocían y añadía alguno mas que no habían visto nunca. El abuelo los miro de arriba abajo y no dejó siquiera que Magdalena les explicara la historia.
- ¿Vosotros queréis seguir viviendo en un mundo de un solo color? Preguntó con voz muy profunda.
- La verdad es que esto es mucho más bonito, pero no sabemos como lograr este efecto tan hermoso. Esto lo dijo Magdalena que como fue la primera en tener la idea estaba muy orgullosa y hablaba siempre en boca de los demás.
- Pues solo hay un modo de que seáis de colores. Tenéis que mezclaros. Empezar por la ropa y cuando regreséis a vuestros países hablarle a la gente del país de al lado. Seguro que comienzan a mezclarse y al poco tiempo el aburrimiento del monocolor dará paso a la variedad que habéis visto aquí.

Todos se miraron y comenzaron a cambiarse la ropa. Elisa tenia una falda roja y una camisa amarilla. José Luis llevaba un zapato verde y otro azul y Patricia cambio con Miranda su ropa y la llevaba rosa y blanca.
Descansaron unos días en aquel lugar de su largo viaje y emprendieron la vuelta con calma. En cada uno de los países explicaban lo que habían visto. La gente al principio no les creía pero al ver a Miranda, que había ido con ellas cambiaban de opinión. Empezaron a mezclarse todos, primero porque iban de visita de un país a otro y luego porque ya se cambiaban de casa y de pueblo unos con otros.
Se casaron rojos con verdes y amarillos y con azules y estos últimos hicieron lo mismo con los blancos y los negros que a su vez también se mezclaron con los morados y los grises. Al final empezaron a nacer niños de todos los colores y el reflejo de aquella gente de tantos colores fue que el paisaje comenzó también a cambiar y los árboles tuvieron el tronco marrón y la copa verde, las montañas fueron cambiando como los árboles y el cielo tomó todos los tonos de azul, igual que el agua y que la piel de la gente que vivió feliz y de colores.
Y por cierto: colorín, colorado este cuento se ha acabado.

PALMIRA BENAJAS MEDINA

 

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