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EL
MAGO LA GALERA Y... ¡TABARÉ!
Entre exclamaciones de asombro y aplausos, el Mago sacó de su galera
un conejo blanco. Era un truco que repetía en todas sus funciones
de circo. Sin embargo la repetición no le quitaba encanto: cuando
aparecía Tabaré, los chicos se maravillaban hasta el cansancio.
Y el animal, acostumbrado a las aclamaciones y los aplausos, saludaba
con las orejas a su público infantil.
Pero los conejos también se cansan de trabajar y Tabaré
exigió al Mago diez días de vacaciones. Entonces se cepilló
las orejas, el pompón de su cola y, después de despedirse,
se alejó a los saltitos por el camino.
Durante los diez días siguientes, el Mago sufrió las burlas
de los chicos porque cada vez que llegaba el número de la galera,
sacaba las cosas más raras. Un día sacó una milanesa
con papas fritas y los chicos al verla gritaron: "¡Uuuuh!",
mientras el payaso Ramón, con gran tranquilidad, se la comía.
En otra oportunidad sacó un zapato, una media y... ¡una margarita!
Y otra vez los chicos gritaron, "¡Uuuuh!"
También sacó un cucharón, un pollito y una mariposa,
pero los chicos siempre gritaban, "¡uuuuh!" Y cada vez
lo hacían más fuerte.
El Mago ya no sabía qué hacer y llamó por teléfono
a todas las madrigueras que figuraban en la guía, pero no pudo
encontrar a Tabaré y, muy afligido y con mucho miedo de escuchar
nuevamente el, "¡uuuuh!" de su público disconforme,
salió a la pista.
Cundo llegó el truco de la galera, metió la mano temblorosa
y tocó algo suave... blando... tibio... que sacó despaciiito...
y..., "¡aaaah!" exclamaron los chicos con regocijo al
ver aparecer unas orejotas muy largas.
¡Tabaré! gritó el Mago lleno de alegría. Pero
Tabaré tenía una sorpresa para todos: otro par de orejas
asomó de la galera y, con un gracioso salto, una conejita con ojos
de enamorada se acomodó junto a Tabaré.
Desde entonces, los chicos esperan con impaciencia el tuco de "Tabaré"
Listas
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