Conversaban un día
la liebre y la tortuga, y se le ocurrió de pronto
a esta hacerle una rara apuesta.
-Estoy segura de poder
ganarte una carrera- le dijo.
-¿A mi ?-preguntó,
asombrada, la liebre.
-Pues si, a ti .Pongamos
nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quien gana
la carrera.
La liebre muy divertida
aceptó . Confiada en su ligereza, dejó partir
a la tortuga y se quedó remoloneando. ¡Vaya
si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura
!
Pasito a pasito,
y tan ligero como pudo, la tortuga siguió el
camino. La liebre se había quedado dormida, ¡Tan
tranquila se sentía ! Despertó de pronto,
y comprendió que el tiempo había pasado
sin sentirlo; la tortuga debía estar ya lejos.
Entonces echó a correr con su acostumbrada
ligereza, pero era demasiado tarde: la tortuga atravesaba
en ese momento la línea de llegada. Había
ganado la apuesta. |