Tropecé con un ángel
De Felicidad López Vila
(Fragmento de la novela)

Se acercaba la navidad, en las calles se respiraba paz y
los centros comerciales estaban de gente a rebosar.
En mi corazón había muerto el espíritu
navideño desde hacia mucho tiempo.
Las luces que adornaban las grandes avenidas con miles de
bombillas, no podían iluminar mi vida, porque yo seguía
sumida en mis propias tinieblas.
El peregrinar del día a día se convertía
en una terrible pesadilla.
Mi mundo era en esos momentos un cúmulo de circunstancias
circunstanciales; sin saber como ni porque todo cuanto acontecía
a mí alrededor empezaba a caotizarse.
Supongo que no acabé de asimilar la separación
de mis padres. Era aún pequeña para entenderlo
y el ser el objetivo principal de sus peleas, como si fuese
un reparto más de sus bienes me crispaba los nervios.
A mi hermano toda aquella desagradable situación le
afectó en menor grado.
É
l era más fuerte tenía más coraje y
pese a su corta edad fue un apoyo vital para mi madre.
Hoy es un adulto brillante, la vida lo ha tratado bien, mucho
mejor que a mí.
Me siento orgullosa de él y me gusta que siga cerca
protegiéndome, siempre corro a sus brazos cuando tengo
miedo como lo hacía de niña. Si algún
día se fuera a vivir por su cuenta sentiría
mucho su ausencia.
En la actualidad mi vida transcurre con una ligera monotonía:
estudio en la facultad de filología alternando las
clases con el trabajo de dependienta, en una librería
fantástica, rodeada de alhajas retóricas.
Mi novio me dejó hace unos meses, sin motivo aparente,
aunque sospecho que se ha liado con su compañera de
piso.
El roce hace el cariño y pasaba más tiempo
con ella que conmigo.
Seguimos viéndonos a veces, todavía somos amigos,
e incluso en una ocasión me pidió que volviéramos
a salir juntos.
No le hice el menor caso, estábamos en una fiesta
de cumpleaños cuando me lo propuso y no tenía
a ninguna de sus amigas intimas con quien divertirse un rato.
Como he citado anteriormente mi vida era monótona
y aburrida, hasta que un día de navidad tropecé con ÉL
al doblar una esquina, y transmutó el bucle negativo
que rodeaba toda mi existencia…
Aunque mejor será que eso lo cuente más adelante
y empiece la historia por el principio:
Al despertar sentí frió, llevaba tres días
seguidos lloviendo y a pesar de tener en mi habitación
el radiador encendido, la humedad del ambiente calaba en
los huesos.
Era sábado y tenía que ir a trabajar a la librería,
estaba realmente agotada de tanto estudiar toda la semana.
Me hubiese quedado durmiendo hasta las tres de la tarde,
pero necesitaba el dinero porque mi economía últimamente
iba en descenso.
Desayuné rápido yendo apurada de tiempo y después
de una ducha bien caliente salí de casa corriendo.
El autobús que llevaba hasta el centro de la ciudad
había partido hacia escasos segundos, pero afortunadamente
el encantador de mi vecino, un joven de mi edad al que le
divertía espiarme se ofreció a llevarme al
trabajo en su coche.
Aunque no me apetecía tener que darle explicaciones,
no pude negarme ante su ofrecimiento o llegaría demasiado
tarde a la librería, un despido inoportuno era lo
que menos me convenía y la dueña era muy estricta
en los horarios de trabajo.
De camino hasta el centro charlamos sobre el tiempo, un tema
socorrido al que recurro continuamente cuando subo en un
ascensor con desconocidos.
Al llegar mi vecino aparcó a escasos metros de la
puerta, y en la despedida quiso convencerme para regresar
a recogerme.
Mi negativa fue rotunda, aunque con una buena excusa.
Por suerte para mí, la jefa se retrasó, posiblemente
estuviese comprando regalos familiares en el centro comercial
de enfrente.
La afluencia de gente hasta la hora de comer fue continua.
Como no cerrábamos al medio día, pues debíamos
aprovechar las ventas que proporcionaban las vísperas
de la navidad, los compañeros fuimos turnándonos
para pegar un bocado en la hamburguesería de al lado.
La tarde fue todavía más ajetreada, ya no recuerdo
las veces que subí y bajé las escaleras de
la segunda planta en busca de poemas y libros de aventuras.
Para colmo de mis males, después de cerrar la librería
tuve que quedarme a ayudar a mi jefa a hacer el inventario.
Mientras la mujer tuvo el detalle de ir a por unos bocadillos
de tortilla de patata porque la noche iba a ser larga, yo
apoyé mi cabeza en el mostrador de la entrada cerrando
los ojos.
A los pocos minutos, las campanillas que colgaban del techo
cada vez que se abría la puerta repiquetearon.
Sobresaltada abrí los ojos poco después de
oír a alguien toser, levantándome de la silla
de un salto.
Un chico rubio de ojos azules venía buscando un libro.
Me sorprendió que Alicia se fuera a por los bocadillos
sin cerrar la puerta con llave. Miré la cristalera
del escaparate y la persiana de seguridad si que estaba puesta.
––
Disculpa, he venido a recoger un libro que encargué a
la propietaria hace dos días––dijo el
joven alto y delgado.
––¿
Me dices el título?
–– Mi vecina es una musa.
––¡
Y mi vecino un alcahuete!––proferí sonriendo
pensado en Javier.
El muchacho de complexión atlética me miró asombrado
sin cesar de reír.
––
Oooh, lo siento…, pensaba en voz alta. Ahora te busco
tu libro.
Miré en el estante donde guardaban los encargos, tomándolo
en mis manos para dárselo al muchacho.
––
Gracias––dijo él mirando fijamente mis
ojos.
Después de pagarme se despidió cruzándose
con Alicia en la puerta.
Devoré el bocadillo de tortilla de patata y me puse
inmediatamente a trabajar, en un tiempo récord acabamos
el inventario, y Alicia tuvo que acercarme hasta mi casa
porque a esas horas ya no pasaba el autobús.
Al día siguiente estaba tan cansada que no me levanté ni
para comer, cuando desperté mi madre y mi hermano
se habían marchado.
Mi madre me dejó una nota pegada en el frigorífico
diciéndome donde estaba, y mi ex-novio una llamada
en el contestador automático excusándose por
el plantón recibido el anterior fin de semana.
Opté por no contestarle, pues en esos momentos lo
prudente era callarse, sabía que se llevaba demasiado
bien con su compañera de piso: una alocada universitaria
de moral distraída, con muchas amigas y amigos qué pasaban
los fines de semana de fiesta en fiesta.
Introduje una pizza en el microondas y después de
comérmela me acicalé despacio y salí a
la calle a que me diera el aire.
Andaba deprisa porque tenía frió y al doblar
la esquina de mi calle tropecé con un chico alto y
rubio, que casi me tira al suelo.
––
Lo siento––dijo recogiéndome el paraguas.––¿De
que te conozco?
No sé si realmente no me recordaba o disimulaba. Pensé en
decirle que de nada, pero antes de abrir la boca él
salió de su amnesia voluntaria.
––
Tú eres la chica de la librería. ¿Cómo
te llamas?
––
Aura––contesté en voz baja–– ¿Y
tú?
––
Om––dijo indagando en mi mirada.
––"
Ommm- nipotente, u ommm- nipresente"––respondí sin
reprimir las carcajadas––¿En qué pensaba
tu madre cuando te puso el nombre?
––
En lo mismo que la tuya, cuando pensó en el tuyo.
Es curioso pero cuando me respondió no me enfadé,
me gustó su sentido del humor.
––
Ya veo…, bromeas. Es un diminutivo––dije
siguiéndole el juego--Puesss, encantada de volver
a verte Oz.
–– Lo mismo digo, Laura.
––¡
A-u -ra! Me llamo Aura; no Laura--le rectifiqué enfurruñada.
––¡
OM!, me-lla-mo- om. No OZ, como el mago––dijo
riéndose en mi cara.
Y tras darse media vuelta me dejó allí plantada.
Anduve varios kilómetros sin rumbo fijo, de repente
empezó a chispear con más fuerza y sentí más
frió. El Pub al que siempre iba con mis amigas quedaba
cerca y al entrar en él me senté en la barra
a esperar a que vinieran.
Pedí un batido de chocolate muy caliente y al cogerlo
entre las manos, se me derramó encima de la chaqueta
de antelina del caballero de al lado.
––
Disculpe, le pagaré la tintorería.
––
Me conformo con que me invites a un café––dijo
mientras se limpiaba con un pañuelo.
––
Uhiii…, ummm…, ¡no me había dado
cuenta de que eras tú! ¿Qué casualidad?––declaré,
al tropezarme de nuevo con él––. Tantos
Pubs que hay en la ciudad y has tenido que venir a este.
–– Vengo a menudo.
––
Pues debes ser incorpóreo, porque yo vengo aquí con
frecuencia y nunca te he visto.
––
No te habrás fijado bien–– rebatió OM
sonriendo.
––
Puedes estar seguro que un "guaperas" como tú no
pasa desapercibido.
Cuando me di cuenta lo que le dije, me puse roja como un
tomate; muerta de vergüenza.
É
l pareció no inmutarse, es más, gastó una
broma con el color de mis mejillas que poco a poco iba en
aumento.
Me quedé muda de repente esperando que él cortara
el hielo.
Por fin se decidió a decir una de las típicas
frases de siempre, que se utiliza en un caso como este:
––¿
Desde cuándo trabajas en la librería?
––
Desde hace un año, compaginándolo con los estudios
de filología––dije algo más tranquila.
––¿
Y tienes tiempo para todo?––preguntó sorprendido.
--Sólo trabajo los sábados y cuando en la facultad
tengo fiesta--comenté satisfecha--. Y tú, ¿a
que te dedicas?
--Soy Mensajero
--¡Qué trabajo tan apasionante!
No debí decir eso pensé inmediatamente, aunque
mi frase no pareció molestarle.
--Lo es créeme. Es mucho más emocionante de
lo que imaginas.
No le hice ningún caso, pensé que me estaba
mintiendo y quería quedarse conmigo.
Sugirió que nos sentáramos en una mesa para
seguir charlando.
Le pedimos al camarero dos batidos calientes de chocolate; él
esperó unos instantes antes de probarlo. Yo, impaciente
bebí y me quemé los labios.
Om sonrió ante mi actitud inquieta.
--Saber esperar el momento oportuno, ayuda a que el tiempo
corra en dirección hacia nuestro destino--dijo, siguiendo
sonriendo--Apresurarse innecesariamente produce un retroceso.
Yo me quedé embobada mirando su sonrisa. No sé por
qué había dicho esa frase que no venía
a cuento, por haber bebido un sorbito de batido caliente.
Quemar mi lengua no era un hecho trascendental, aunque si
lo era no tener paciencia.
Miré el reloj simulando que estaba ansiosa por ver
a mis amigas, pero para ser sincera no tenía ningunas
ganas de que vinieran. Quería disfrutar el mayor tiempo
posible de estar a solas con Om, no me apetecía nada
compartirlo.
En ese momento hubiese deseado que mi ex- novio me estuviese
viendo, dejarme sin ninguna explicación lógica
me puso de los nervios. Aunque en el fondo de mi corazón,
pero muy en el fondo, le agradecí que no me dijera
que me había puesto los cuernos.
Como por arte de magia mi deseo se vio cumplido. Giré la
cabeza para recoger el abrigo que se me cayó en el
suelo, y me lleve una desagradable sorpresa que cuando miré hacia
la zona del reservado y reconocí su silueta en medio
de la penumbra;
haciéndole revisión de amígdalas a otra
de sus amigas.
¿
Cómo podía tener tan poca cabeza de ir a los
mismos sitios que yo iba, para que lo viera?
Aunque mis amigas me avisaron de su carácter libinidoso
no me convencí del todo hasta que no lo vi con mis
propios ojos.
--¡Será cabrrr…!
Antes de acabar el adjetivo malsonante me contuve sustituyéndolo
por el de cretino, no quería causar mala impresión
a Om con un vocabulario que normalmente yo no utilizaba.
Para justificar mi arranque de rabia tuve que contarle toda
la historia. Después de haberlo hecho me quedé sorprendida
de contarle mi vida amorosa a un desconocido, el primer día
que lo conocía.
É
l escuchaba atento como si realmente le importara lo que
me pasaba. Sospeché escasos segundos de que escuchara
pero no atendiera, finalmente, me di cuenta que, realmente,
tomaba interés por el tema cuando se permitió hacer
un breve inciso en la conversación; con un comentario
que me encantó:
--Tú te mereces algo mejor.
Lo dijo con una entonación que me encandiló mientras
fijaba su mirada azul cielo en mis ojos negros.
Mientras yo hablaba y me desahogaba de mis frustradas relaciones
amorosas, él no hizo un solo comentario de su vida
privada.
Tras haberlo hecho me di cuenta que tenía que haber
cerrado mi boca, no era bueno que un futuro pretendiente
supiera demasiado sobre mi vida intima, temía que
me etiquetara con un calificativo poco acertado sin conocerme
de nada.
Aunque Om no parecía la clase de persona que juzgaran
a los demás por lo que contaran; o al menos esa era
la impresión que a mí me daba.
Durante la conversación mire varias veces por el rabillo
del ojo la zona del reservado. Mi ex-novio sin saber que
lo estaba espiando continuaba explorando minuciosamente el
cuerpo de la exuberante mujer que tenía entre sus
brazos.
¿
Cómo pude perder un año de mi vida saliendo
con ese idiota?, pensé indignada.
Om, volvió a mirarme fijamente e hizo el segundo inciso:
--Nunca se pierde el tiempo, los aparentes errores de nuestra
vida nos enseñan experiencia y sabiduría.
Paré mi monologo de golpe pensando si él sería
capaz de leer mi pensamiento, o simplemente era un observador
preciso capaz de detectar mi estado anímico a través
de mis gestos, palabras y miradas. Era mensajero y estaba
acostumbrado al trato directo con los clientes, con lo cual
deduje que sería un buen conocedor de la psicología
errabunda.
Llegué a la conclusión que sólo fue
casualidad que la frase que dijo encajara en el contesto
preciso de mi pensamiento.
El tiempo fue pasando y me iba relajando; sorprendentemente
se me estaba olvidando que a pocos metros de mi mesa, un
hombre con el que compartí algo más que arrumacos
disfrutaba gratamente de otra compañía femenina
que no era la mía.
Om seguía sin despejar los labios y a mí me
reconcomían las ganas de saber si tenía novia
o era libre como el revoloteo de los pájaros.
No me atreví a curiosear por temor a que pensara que
era una descarada. Lógicamente si perdía su
tiempo conmigo no estaría comprometido, aunque cuando
mi ex-novio lo estaba quedaba con quien le venía en
gana y yo pasaba horas esperándolo, desesperada.
Y hablando del diablo, tras de haber disfrutado de un magreo
extenso con la siliconeada rubia de piernas largas, se dirigía
hacia nosotros en busca del aseo de caballeros.
El corazón comenzó a latirme con fuerza de
rabia y en un impulso repentino de despecho acerqué mis
labios hacia los de Om y fingí darle un beso.
Digo fingí porque le di un beso como se lo dan los
actores en las películas poniendo mis labios en su
barbilla.
No sé cuál de los dos se quedó más
sorprendido por mi gesto tan imprevisto, pero cuando mi "ex" se
metió en el aseo de caballeros, me disculpé inmediatamente
con Om explicándole mi reacción; justificando
mi comportamiento.
Om dejo escapar de una onomatopeya discreta, sin embargo,
a mí me pareció oír que alguien ponía
el grito en el cielo. Sería mi novio muerto de celos.
--¡Por el amor de Dios!, ¿has visto lo que ha
hecho esa mujer?
--Ha fingido darle un beso--dijo Sara a su celestial compañero,
restándole importancia.
--Pero es su ángel guardián y tiene prohibido
tener contacto carnal.
--¡Qué exagerado eres!--exclamó Sara--Además
la chica no sabe quién es.
--Tú siempre justificando a tu discípulo. Estas
situaciones deberían estar bajo control-- rebatió--.
Si hubieseis mandado a esta misión a un ángel
más experimentado esto no hubiese pasado.
¡
Cualquier día de estos, dejáis a un ateo a
las puertas del cielo!
--Mi noble y buen compañero tú serás
siempre el fiel guardián del umbral del paraíso,
las llaves te pertenecen desde hace siglos.
--Sara me hago viejo… Tú perteneces a una generación
moderna como la de Om, veis las cosas desde otro prisma.
Sara se hecho a reír inmediatamente ante la observación
de su compañero: En la eternidad no se envejece. No
hay espacio ni tiempo; todo lo que sube baja manteniendo
el equilibrio entre los opuestos.
--Tranquilízate y confía en él--le sugirió la
celestial bendita--. Om tiene pocas plumas en las alas pero
el <<Todopoderoso>> le ha encargado esta misión,
y él mejor que nadie sabrá lo que hace.
--Tienes razón, de todos modos está te siempre
vigilándolo, puede necesitarnos. Esa chica tiene una
parte negativa extremadamente fuerte--sugirió el guardia
de las llaves--. No será fácil reconducirla
hacia la luz.
Ajena a la conversación divina, Aura veía por
el rabillo del ojo como Ricardo salía del lavabo para
regresar junto a la rubia de la minifalda de cuero. Al llegar
a su altura la saludó mosqueado y ella lo ignoro por
completo, simulando no oírlo.
--Parece que los busque adrede--comenté, refiriéndome
a Richard y a antiguos amores--. ¡A cuál de
todos es más desvergonzado!
--No lo dudes los buscas. Cada individuo atrae hacia si mismo
el aprendizaje que necesita en la vida-- me confirmó Om--. ¿Realmente
deseas tener una relación estable con alguien, o por
el contrario buscas ser independiente y pasar el rato con
un hombre, de vez en cuando?
Me quedé estupefacta con sus palabras. Desde que mis
padres se separaron ningún hombre mereció mi
confianza.
Tenía pánico a comprometerme. Aquel joven desconocido
estaba revelándome una gran verdad que me negaba a
aceptar: -- yo provocaba la atracción de esa clase
de hombres porque no quería estar en la tesitura de
formar una familia--.
El recuerdo de mi infancia me aplastó como una losa
y heridas no cicatrizadas resurgieron en mi memoria.
No quise admitir con mis palabras que estaba en lo cierto
y con tono de indignación le contesté inmediatamente.
--¿Estás insinuando que yo soy como ellos?
--En absoluto. Todavía no has encontrado al hombre
digno de tu confianza. Al hombre que te haga cambiar ese
comportamiento rencoroso y te muestre un camino con diferentes
alternativas.
De nuevo me puse en guardia, estaba otra vez en lo cierto
pero mi reacción fue volver a enfadarme.
--Cuando quiera un consejo gratuito ya te lo pediré,
mientras tanto abstente de dármelo.
--Pues pensaba darte otro acerca de tu vestuario--dijo tan
tranquilo.
Mis pupilas empezaron a dilatarse y la bilis aumentaba su
porcentaje en la víscera. Me contuve en no decir una
grosería e intentando guardar la compostura le pregunte
que tenía de malo mi indumentaria.
--Debe ser por empatía a estas fechas que vas tan
adornada como un árbol de navidad--contestó con
retintín.
Me revisé de abajo arriba sin poderlo evitar, y solté una
carcajada enorme cuando caí en la cuenta de las baratijas
que llevaba encima.
--Y… ¿algo que objetar sobre mi maquillaje?--pregunté observando
la pulcredad de su ropaje.
Pensé que se cortaría y no me contestaría
pero no lo hizo. Además de ser mensajero debía
estar pluriempleado en un salón de estilistas.
Acercó su mano derecha a mi barbilla y con suavidad
dirigió mi rostro hacia una tenue luz que emanaba
de un minúsculo foco en la pared.
Se quedó unos segundos contemplando mis ojos y mientras
me miraba me sentí una mujer afortunada, por estar
junto a un hombre de su calidad humana. Mi maquillaje era
horrible pero a él lo único que le importaba
era lo que había detrás de las ventanas de
mi alma.
--¡Eres realmente hermosa deberías dejar de
utilizar mascaras!--exclamó simulando que hablaba
del maquillaje.
--Las mascaras me protegen, deshacerme de ellas sería
como deshacerme de una parte importante de mi misma--declaré sabiendo
a lo que se refería.
--Así que detrás de toda esa fachada de mujer
fuerte se esconde una niña tímida e incomprendida--me
dijo secándome con una servilleta unas lagrimitas
que resbalaban por mis mejillas--. ¿Cuál es
tu historia?
--La historia de una familia rota, una adolescencia difícil
y varios desengaños amorosos--respondí con
reparo--. ¿Y la tuya?
--Te la contaré mas adelante, cuando seamos amigos--respondió con
cariño.
--¿Tú crees que se puede ser amiga de un hombre
que te gusta?--le pregunté sin pararme a pensar lo
que decía.
Sonrió y no contestó. Se levantó, pagó la
cuenta y me ayudó a ponerme el abrigo para salir fuera.
De nuevo me pareció oír otro grito; seguramente
sería Richard invadido por los celos.
--Saraaaaaa--gritó el guardián de las llaves
alterado llamando a su compañera.<BR>
La mujer celestial dejo su tarea y acudió volando,
rauda, desde la séptima avenida de nubes nacaradas.
--¿Qué sucede?--inquirió asustada.
--¡¿La Harley era necesaria?! ¡Menuda
ostentación!
Una flamante moto aguardaba en la puerta del Pub esperando
a que Om la pusiera en marcha.
--Ha de jugar en su terreno, con sus normas, de lo contrario
no conseguirá que le abra su corazón y no podrá ayudarla--lo
relajó Sara--. Tengo permiso del "Jefe" para
hacer lo que he hecho.
El paseo en moto fue corto y al dejarme en la puerta de mi
casa me quedé con las ganas de que me pidiera una
segunda cita, no obstante, mi intuición me dijo que
volveríamos a vernos...
Continuará...
Registro general de la propiedad intelectual.
Nº de asiento: 09/2004/2710
ISBN:978-84-96621-45-9
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